lunes, 28 de diciembre de 2015

Eventos climáticos extremos y "La mano del hombre"

Eventos climáticos extremos

La mano del hombre

ACTUALIDAD — POR  EL 05/11/2015 A LAS 13:23 
La ola de calor que afectó buena parte del país en diciembre de 2013 tuvo como actor principal al calentamiento global generado por el aumento de gases de efecto invernadero derivados de la actividad humana. La mayor concentración de estos gases, además, ha multiplicado por cinco el riesgo de que ocurra un evento de estas características extremas. Esta afirmación surge de un trabajo realizado por climatólogos argentinos y franceses recientemente publicado en el Boletín de la American Meteorological Society.




Esta nota se refiere al suceso argentino del 2013...sólo hace dos años,  hoy estamos en alerta naranja y con el litoral argentino inundado...

Para saber más sobre  este  tema  recomiendo leer la nota completa La mano del hombre


Fuente :
NeX ciencia es Noticias Exactas, un sitio de difusión de noticias e información relacionada con la ciencia y la tecnología Argentina, dirigido al público no especializado pero sí interesado. NeX ciencia se propone dar a conocer noticias, relatar trabajos científicos, presentar datos, conclusiones, las especulaciones que le dan forma a la ciencia, a través de la voz de sus protagonistas. También, hacer visible el entorno, muchas veces solapado, de la actividad científica y sus instituciones. Mostrar las caras, dar cuenta de las motivaciones, de la reflexión (http://nexciencia.exactas.uba.ar)

Rocca Gabriel (05/11/2015), La mano del Hombre, disponible en

jueves, 17 de diciembre de 2015

Reconstruyendo el rompecabezas de la fauna antártica (Cretácico Superior)


“En lo que respecta al desarrollo de la paleontología, y en particular en el conocimiento de la historia de la evolución de la Antártida, Argentina viene dando ‘puntadas con hilo’ y ocupa un lugar preponderante. Habla muy bien del desarrollo académico que tiene nuestro país y hay que sostenerlo” Novas (en Leone, 2015)


“Toda esta fauna que estamos agregando y empezando a dar a conocer forma parte de esa fauna sureña, llamada Weddeliana. Los autores de estos hallazgos somos argentinos y por eso estamos orgullosos” Novas (en Leone, 2015)


Investigadores del CONICET
reportaron el hallazgo de un dinosaurio y
un reptil marino del continente más austral.
PDF para descargar

Hace 70 millones de años, en el período Cretácico, la Antártida no se parecía en nada a la gran masa de hielo que se conoce hoy en día. En aquel momento estaba parcialmente cubierta por mares poco profundos que no eran fríos como los actuales. Los continentes estaban mucho más cercanos entre sí y las aguas que cubrían el continente Antártico eran menos profundas y más cálidas, por lo que eran habitadas por invertebrados y reptiles como mosasaurios, plesiosaurios y tortugas.


Movimiento de las placas tectónicas:
las imágenes muestra el cambio desde el Período Pérmico de la Era Paleozoica, hasta hoy. 



"El ambiente terrestre esos tiempos estaría conformado por las selvas de Nothofagus, bajo un clima muy húmedo y templado a fresco-templado , condiciones libres de heladas y de alta precipitación. Anillos de crecimiento bien definidos dentro de muestras de madera fósiles recuperados muestran que el clima era marcadamente estacional." Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)



Mapa que muestra la localidad fosilífera y la columna estratigráfica del sitio. La localidad se indica con una silueta. Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)
Desde el año 1998 el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN, CONICET) y el Instituto Antártico Argentino (IAA) mantienen proyectos de cooperación para la búsqueda de restos fósiles de vertebrados en el noreste de la Península Antártica, más específicamente en las islas Vega y James Ross.

En ese marco, recientemente realizaron expediciones que estuvieron a cargo de Juan M. Lirio, geólogo del IAA familiarizado con las rocas que afloran en la región, y de Marcelo Isasi, profesional principal del CONICET en el MACN. En esos viajes hallaron distintos restos fósiles que luego Fernando Novas, investigador principal del CONICET en el MACN describió junto a su equipo.

Según Novas (en Leone, 2015)  “el grupo de trabajo ha tenido la fortuna de recorrer rocas del Período Cretácico, que es el último de los períodos en que se divide la Era Mesozoica, conocida como ‘la Edad de Oro de los Reptiles’ y descubrir restos fósiles de distintos grupos de vertebrados que habitaron el medio acuático -tortugas, mosasaurios y plesiosaurios- y el medio terrestre –dinosaurios y otros reptiles- y aves que sobrevolaban el continente y la superficie del mar, hace 70 a 80 millones de años atrás”.  El paleontólogo explica que hace 15 años se logró el hallazgo que fue la punta del iceberg, un cráneo de mosasaurio -reptil marino-. Esto permitió el descubrimiento toda  toda una fauna de vertebrados propia de la región polar. Más recientemente hallaron los fósiles de una tortuga, un plesiosaurio -reptil marino- y de un dinosaurio que cubren un lapso de diez millones de años.

En un equipo todos son importante y cada integrante aporta su colaboración desde su especialidad para lograr así el mejor  resultado. Lirio destaca el trabajo técnico en la Antártida realizado por Isasi, quien debió trabajar a contratiempo bajo la inclemencia del clima polar para recuperar las piezas muy fragmentadas.

“La nieve cubre la superficie donde uno camina observando los indicios fósiles. Dependemos del clima para la extracción y la prospección. Nos deja un helicóptero 50 días y hay que regular el trabajo. Además, los fósiles están muy fragmentados porque la nieve va quebrando las rocas y el permafrost que es la tierra de ahí que se congela y descongela generando fracturas en los huesos fósiles. Requerimos de una gran logística para que los materiales puedan ser extraídos y lleguen al laboratorio”, aclara Isasi (en Leone , 2015).

Una vez que los fósiles fueron traídos al MACN, Isasi y otros técnicos del taller de paleontología comenzaron a preparar los huesos craquelados, por las causas que antes explicadas . Posteriormente, Novas y su equipo  realizaron los estudios anatómicos y pudieron hacer a continuación la descripción científica de los ejemplares antárticos.

En esta última expedición descubrieron fragmentos de un reptil marino y de la pata de un nuevo dinosaurio. Los especialistas destacan que no es común encontrar reptiles terrestres en la Antártida dado que los sedimentos son marinos, y por eso les llamó la atención.

“Se llama Morrosaurus antarcticus porque se lo encontró en la península de El Morro en la Isla James Ross. Pertenece a un grupo de dinosaurios herbívoros ornitisquios – conocidos como los dinosaurios de cadera de ave- que era un grupo raro dentro de lo que era el supercontinente de Gondwana en el Cretácico, y no eran tan abundantes como los saurópodos, por ejemplo. Posee características anatómicas que se relacionan con dinosaurios de Patagonia que también pertenecen a este grupo. El miembro posterior nos muestra que eran animales esbeltos y adaptados a la carrera. Tendrían alrededor de 4 o 5 metros de largo” Rozadilla (en Leone, 2015), quien es investigador del MACN, miembro del equipo de Novas, y también el autor de la ilustración de este animal.

"Es un hallazgo importante que nos permite armar mejor el rompecabezas de la fauna de la Antártida cuando estaba unida a otros continentes como Oceanía y parcialmente al actual territorio de la Argentina. La Antártida empezó a tener grandes masas de hielo hace 40 millones de años"  Agnolín (en Clarín, 2015)

En este sentido los científicos explican que este hallazgo les permite inferir que había conexiones entre la fauna de Sudamérica, más particularmente de la Patagonia, con la del continente Antártico. Existían reportes de esta unión con la fauna marina y ahora hay más evidencias de que pasaba algo semejante con la fauna terrestre. Este nuevo ejemplar se parece al Talenkauen santacrucensis, un dinosaurio herbívoro que fue descubierto por el equipo de Novas en la provincia de Santa Cruz. Fue hallado en rocas del Cretácico Superior de una edad semejante, y es comparable al ejemplar de la Antártida.

Representación del árbol filogenético con las posibles interrelaciones de iguanodontian. Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)
"Morrosaurus constituye una adición importante al conocimiento de los ornitópodos de Gondwana, particularmente taxones de Antártida. Sin embargo, estos últimos siguen siendo muy mal conocidos y varios son registrados mediante esqueletos incompletos. Al respecto de esto, los análisis más detallados, así como hallazgos de nuevos ejemplares aumentará nuestro conocimiento de sus sistemática y distribución paleobiogeográfica" Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)

“Nos llamó la atención darnos cuenta de que una y otra vez en Antártida se descubren con restos fósiles de este linaje de dinosaurios herbívoros: ornitisquios ornitópodos. Eran de andar bípedo y se alimentaban probablemente de plantas comparables a las que hoy crecen en los Andes del sur. Antártida era un continente que estaba conectado parcialmente con la Patagonia y por lo tanto los animales y las plantas también se dispersaban por los dos continentes. Los dinosaurios no fueron la excepción e incluso hasta habrían llegado a Australia y Nueva Zelanda. Eran millones de kilómetros cuadrados, extensiones gigantescas en las que existían variaciones climáticas y geográficas, pero que a pesar de todo compartían una fauna y flora comparables”, agrega Novas (en Leone, 2015).

En la misma expedición se descubrieron otros restos pertenecientes a un plesiosaurio, un gran reptil depredador que habitaba los mares prehistóricos. Este hallazgo es muy importante porque es el primer espécimen de la familia Polycotylidae descubierto en la Antártida y nuevamente se muestra una conexión con la fauna patagónica, ya que en esta región se habían encontrado previamente un cráneo de esta familia de plesiosaurios.

"Encontramos los restos de la columna vertebral, la cadera y las patas de atrás. Es el primer hallazgo de ese tipo de plesiosaurio, que usaba el olfato cuando cazaba. Es una rareza, porque la mayoría de los plesiosaurios tienen cuellos largos, y el que descubrimos en la Antártida tiene cuello corto. Esta especie también desapareció en la misma época que los grandes dinosaurios" Agnolín (en Clarín, 2015)

“Los policotílidos no son los más abundantes. Tienen los isquiones -huesos de la pelvis- más robustos y en forma de ‘v’, eso nos permitió diferenciarlos del resto de los plesiosaurios. Tenían la cabeza pequeña y el rostro alargado con dientes filosos, por lo que creemos que se alimentaban enterrando el hocico en el barro para buscar invertebrados. Esto los diferenciaba de la mayoría de los plesiosaurios que se encuentran en la Antártida, que son de cuello más largo”, afirma Julia D’Angelo (en Leone, 2015), quien es investigadora del MACN.

En el marco del Plan Anual Antártico este verano unos 20 paleontólogos argentinos partirán nuevamente al continente Antártico en búsqueda de nuevos restos para desentramar la historia de la evolución de esa región y de Sudamérica.


Fuente:
Leone, Cecilia (2015), Reconstruyendo el rompecabezas de la fauna antártica, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, disponible en 
http://www.conicet.gov.ar/reconstruyendo-el-rompecabezas-de-la-fauna-antartica/

Rozadilla, S - Agnolin, F. L - Novas, F. E - Aranciaga Rolando, A. M - Motta M. J -  Lirio, J. M - Isasi, M. P (2015),  A new ornithopod (Dinosauria, Ornithischia) from the Upper Cretaceous of Antarctica and its palaeobiogeographical implications, disponible en
https://www.researchgate.net/publication/282294611_A_new_ornithopod_Dinosauria_Ornithischia_from_the_Upper_Cretaceous_of_Antarctica_and_its_palaeobiogeographical_implications 

también en http://ac.els-cdn.com/S0195667115300677/1-s2.0-S0195667115300677-main.pdf?_tid=1280e632-a590-11e5-8602-00000aacb361&acdnat=1450447571_fcc4e6e10b08d785c405683eea098bd8

Clarín (17-12-2015),  Hallan un dinosaurio que vivió en la Antártida cuando había bosques, disponible en
http://www.clarin.com/sociedad/dinosaurio-plesiosaurio-paleontologia-Antartida-ciencia_argentina-Conicet_0_1487251512.html

Para saber un poco más sobre





lunes, 2 de noviembre de 2015

Un océano demasiado gasificado


Calentamiento global

Un océano demasiado gasificado

POR  
El Mar Patagónico cumple un rol clave en el control del dióxido de carbono, uno de los gases responsables del “efecto invernadero”. En el balance anual, este sector del Atlántico Sur secuestra cuatro veces más de este gas que el promedio del océano global. Sin este aporte el cambio climático sería mayor. Sin embargo, esta actividad también provoca graves consecuencias para la vida marina.
La primavera estalló no sólo a simple vista, sino también en las profundidades marinas y el Mar Patagónico está a pleno, no para de atrapar dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. Es alta temporada de esta actividad, que ubica a esta parte del Atlántico Sur como una de las áreas de mayor captura por metro cuadrado de este gas en todo el planeta. Sin este aporte que lideran las aguas australes, pero que también se lleva a cabo en los distintos océanos del mundo, el calentamiento global sería peor.
“Como los árboles brotan en la primavera, en la Patagonia hay un boom espectacular de plantas en el mar. Son las algas unicelulares, que son muy impresionantes de ver en el microscopio”, describe Alberto Piola, profesor del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, y enseguida explica: “Empieza a aumentar significativamente el período de luz por día y los nutrientes acumulados en el invierno -que no fueron usados por falta de luz- se mezclaron bien por las características del Mar Patagónico, entonces se produce este proceso de crecimiento rápido del fitoplancton que es bastante asombroso”.
Ahora mismo, silenciosamente, millones y millones de plantas en el planeta llevan adelante un proceso vital: la fotosíntesis, es decir emplean la luz solar para transformar el carbono de la molécula de CO2 en carbono orgánico. Las algas marinas son responsables de, aproximadamente, el 50 por ciento de la fotosíntesis planetaria. En los mares ocurre lo mismo que en el continente. Es decir, el dióxido de carbono disuelto en el agua es absorbido por las plantas y, a cambio, liberan oxígeno. “Cuando esto ocurre, -indica Piola- baja la concentración del CO2 en el agua; al haber menos, lo comienza a absorber de la atmósfera hasta que se encuentre nuevamente en equilibrio en los dos fluidos. Este es un proceso que controla el clima a escala global. El océano capturó ya entre el 20 y el 30 por ciento del dióxido de carbono generado por el hombre desde el inicio de la revolución industrial hace 200 años. Si esto no hubiera ocurrido, habría más dióxido de carbono del que ya hay. El efecto del calentamiento global sería más grave de lo que es”.
Mientras todos los mares del mundo a diario llevan adelante esta tarea, las aguas australes tienen una particularidad. “La Patagonia así como es muy productiva biológicamente, también es una de las áreas donde hay más absorción de dióxido de carbono por metro cuadrado del planeta”, precisa Piola, investigador principal del CONICET y del Servicio de Hidrografía Naval.
Normalmente, los océanos absorben CO2 en mayor cantidad en cierta época del año, por ejemplo, en primavera pero suelen devolverlo a la atmósfera en otra estación como el invierno. Pero en el Atlántico Sur esto no ocurre. En las épocas invernales si bien no absorbe, tampoco emite, es decir que retiene lo atrapado en otras estaciones del año. “El Mar Patagónico secuestra, en términos de balance anual, cuatro veces más CO2 que el promedio del océano global,, lo que lo transforma en una de las regiones de mayor captura de CO2 del planeta”, puntualiza Piola tras estudiar, junto con su equipo, desde hace quince años esta cuestión.
A bordo de distintos buques, como el rompehielos Almirante Irízar en el pasado y más recientemente en el Puerto Deseado, los científicos navegaron y tomaron muestras del Mar Patagónico, una de las más extensas plataformas continentales, que abarca una superficie de más de un millón de kilómetros cuadrados. Allí, fruto de convenios de investigación entre la Argentina y Francia, iniciados en el año 1999, los investigadores midieron CO2, clorofila, salinidad, entre otros parámetros, en las aguas que van desde el litoral bonaerense hasta Tierra del Fuego.
Alberto Piola.
Alberto Piola.
“Hay una buena correlación ente los máximos picos de crecimiento de las algas unicelulares y las máximas de absorción de CO2. Es una evidencia bastante clara de que lo biológico cumple un rol importante en el Mar Patagónico para atrapar el CO2”, asevera el experto en oceanografía. Por eso, ahora en primavera cuando hasta el fondo marino florece de vegetación es el momento del año en que aumentan significativamente los niveles de dióxido de carbono atrapados por este sector del Atlántico Sur.
Si bien esta característica de los océanos, de trabajar codo a codo con CO2, ayuda a mitigar el calentamiento global,-provocado por la contaminación derivada de la actividad humana- tampoco libera al mar de sufrir temibles consecuencias en el futuro, y ello afecta todo el planeta. “Al aumentar la concentración de dióxido de carbono, el océano es un medio más ácido. Actualmente partes del océano están sobresaturadas permitiendo el desarrollo de especies que forman carbonato de calcio. Pero el aumento de la acidez (reducción del pH del agua de mar) puede conducir a la disolución de carbonato de calcio, provocando un serio impacto sobre esas comunidades”, ejemplifica Piola.
Para ensayar qué ocurriría en el caso de que los niveles de acidificación superen los límites tolerables, los científicos realizan pruebas de laboratorio y también en mesocosmos, que son experimentos controlados en el mar. “Los resultados son preocupantes”, indica Piola, y advierte: “El ecosistema marino no es lineal, hay numerosos factores que lo afectan. Si continúan las emisiones de los gases de efecto invernadero a la atmósfera y el océano continúa absorbiendo CO2, el camino de acidificación es muy claro. Deberíamos evitar que este proceso ocurra porque en caso de suceder puede resultar catastrófico para la vida marina”.

Fuente: 
Draghi, Cecilia (2015), Calentamiento global, Un océano demasiado gasificado, NeX Ciencia, UBA, disponible en http://nexciencia.exactas.uba.ar/cambio-climatico-calentamiento-globla-dioxido-carbono-mar-argentino-atlantico-sur-alberto-piola

NeX ciencia es Noticias Exactas, un sitio de difusión de noticias e información relacionada con la ciencia y la tecnología Argentina, dirigido al público no especializado pero sí interesado. NeX ciencia se propone dar a conocer noticias, relatar trabajos científicos, presentar datos, conclusiones, las especulaciones que le dan forma a la ciencia, a través de la voz de sus protagonistas. También, hacer visible el entorno, muchas veces solapado, de la actividad científica y sus instituciones. Mostrar las caras, dar cuenta de las motivaciones, de la reflexión (http://nexciencia.exactas.uba.ar)

lunes, 24 de agosto de 2015

El Journal de Asuntos Antárticos

LLEGA UNA NUEVA REVISTA

El Journal de Asuntos Antárticos: es la revista académica de Agenda Antártica y de la Coalición para la Antártida y el Océano Austral (ASOC), que tiene como objetivo publicar y difundir las investigaciones más destacadas e influyentes en relación a la Antártida. El Journal publica semestralmente, en español e inglés, artículos, reseñas y documentos oficiales. El propósito del Journal es también estimular investigaciones que favorezcan la protección ambiental de la Antártida y el Océano Austral.

http://www.agendaantartica.org/journalES.pdf

Artículos: 
  • Mona Samari, Áreas Marinas Protegidas en el Océano Austral Post Río+20: El futuro que podríamos haber tenido (pero del que no pudimos llegar a un acuerdo) 
  • Cassandra Brooks, Pesca en los confines de la Tierra: La merluza negra antártica del Mar de Ross 
  • Elsa Cabrera, Ballenas en la Corte, Histórica Sentencia Contra la Denominada Caza Científica de Japón en Antártica 
  • Rodolfo Werner, Pingüinos y kril: la vida en un océano cambiante 
  • Paulina Uribe, Composición de especies y foto aclimatación de comunidades de diatomeas bentónicas de la zona costera Antártica. 
  • Sian Prior, El desarrollo de un nuevo instrumento legal para la navegación en aguas Antárticas 
  • RESEÑAS: Claire Christian, Antártida: un año en el hielo 

domingo, 16 de agosto de 2015

Singular alianza para proteger la pampa argentina

Las tradiciones de los gauchos (hombres de campo) y la moderna tecnología agropecuaria se unieron en Argentina, en una singular alianza entre ganaderos y ambientalistas, que busca conservar la biodiversidad de los pastizales y mejorar la productividad y sabor de su famosa carne.
enlace para leer la nota y PDF para leer y descargar 

Información obtenida en http://www.ipsnoticias.net/2015/07/gauchos-protagonizan-singular-alianza-para-proteger-pampa-argentina/

Notas relacionadas del blog

viernes, 14 de agosto de 2015

Aumento de la lluvia, Comprueban la influencia humana


Aumento de la lluvia, 
Comprueban la influencia humana


Los inviernos menos fríos, y los veranos más tórridos parecen tener una causa antropocéntrica. Pero se necesitan evidencias científicas para confirmarlo. Ahora, un estudio mostró que el aumento de la lluvia registrado durante el último siglo en el sudeste de Sudamérica no se explica sólo por causas naturales.

El calentamiento global es inequívoco, y se debe muy probablemente a las actividades humanas, según afirma el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) en su último informe. Si bien todo parece indicar que las emisiones de gases derivados del uso de combustibles fósiles son responsables del calentamiento, es necesario contar con pruebas. Pero ¿cómo obtenerlas?
Para hallar evidencias, numerosos grupos de investigación en el mundo, además de realizar observaciones, emplean modelos climáticos y efectúan simulaciones considerando las ecuaciones y variables que explican el clima, como la presión, los vientos, la temperatura o la lluvia.

Así, un análisis de las variaciones en la cantidad de lluvia caída en verano, detectadas en el sudeste de América del Sur y en los Andes australes, aporta una de las primeras evidencias de que esos cambios pueden atribuirse a la influencia de la actividad humana sobre el clima.

“Los modelos reproducen el clima teniendo en cuenta la atmósfera, los océanos, la vegetación y los hielos, entre otros componentes, e incorporan los forzantes externos, factores ajenos al clima, que pueden alterarlo”, explica Carolina Vera, profesora e investigadora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA). Hay forzantes naturales, como las variaciones en la radiación solar que llega al planeta o las erupciones volcánicas, y forzantes antropogénicos, es el caso de las emisiones de gases de efecto invernadero, producto, por ejemplo, del empleo de combustibles fósiles.

“La hipótesis es que se necesitan ambos tipos de forzantes para explicar el clima que ocurrió”, subraya la investigadora. Vera, junto con Leandro Díaz, estudiaron las tendencias de la lluvia del verano, desde 1902 a 2005, en Sudamérica. El objetivo era determinar la influencia de la actividad humana en los cambios que se observaron a lo largo de los años. Para confirmar la atribución, ya sea a causas antropocéntricas o a causas naturales, se necesitan numerosas evidencias que, además de las observaciones, surjan de distintos modelos y diferentes simulaciones. Asimismo, esas evidencias tienen que ser coherentes entre sí.

De ese modo, Vera y Díaz analizaron las tendencias de lluvia a partir de observaciones y de 59 simulaciones provenientes de 14 modelos climáticos diferentes, que incluyen los forzantes naturales y los antropogénicos, en forma conjunta y separada.

“La mayoría de los modelos reproducen el incremento de las lluvias observado en el sudeste del continente, y la disminución en la región de los Andes australes”, señala Vera, y prosigue: “Si bien el rango de incertidumbre es alto todavía, podemos afirmar que la actividad humana, al menos en parte, contribuyó a explicar esos cambios observados en las precipitaciones durante el último siglo”.

Modelos y simulaciones

Actualmente existe sólo una decena de centros en el mundo con la capacidad informática para realizar simulaciones del clima en las distintas regiones del planeta, mediante modelos climáticos globales. Pero, “gracias a un esfuerzo internacional de coordinación científica, los diferentes centros realizan los experimentos climáticos en forma similar pero independiente. Luego, toda esa información se reúne, y se coloca en un reservorio, a disposición de todos los investigadores, en el mundo entero”, explica Vera.


De ese modo, cualquier investigador del planeta puede tomar esas simulaciones del clima global y estudiar una variable en particular en una determinada región. “Los estudios de detección y atribución del cambio climático en escala regional no son sencillos, porque la gran magnitud de la variabilidad climática natural opaca la señal de cambio climático”, indica Vera. Por ejemplo, los fenómenos de El Niño y La Niña pueden hacer que haya períodos más húmedos o más secos, respectivamente, en la Argentina, con independencia del calentamiento global.


Cabe señalar que los estudios de cambio climático tienen un rango de incertidumbre, por un lado, debido a que los modelos no son perfectos; y, por el otro, a que la variabilidad natural del clima puede ser grande, y difícil de distinguir del efecto antropogénico.

Lluvias en la Argentina

Carolina Vera.
Foto: Archivo Exactas-Comunicación

“Al estudiar los registros de lluvia de verano de la región sudeste de Sudamérica, la tendencia muestra un aumento de 7 milímetros por estación por década”, relata Vera. Estos cambios han permitido la expansión de la producción agrícola en el país en las últimas décadas. 
Al analizar los modelos climáticos, los investigadores consideraron, por separado, las simulaciones que incluyen sólo las causas antropogénicas, las que incorporan solo las causas naturales, y luego aquellas que combinaron ambas causales. Al calcular las tendencias, observaron que “los modelos que incorporan las causas antropogénicas fueron capaces de representar un aumento de la lluvia de 2 mm, por década”, señala Vera. Estos modelos, si bien mostraron un aumento inferior al real (que era de 7 mm), indicaron una tendencia positiva, es decir, un incremento.
En cambio, los modelos que sólo consideraban las causas naturales, no indicaban aumento. Este hecho contribuye a demostrar entonces que no es posible estimar la tendencia de cambio en la lluvia si no se considera la influencia de la actividad humana.

Menos lluvia en los Andes

En la zona de los Andes del sur, los registros indican que en verano, a lo largo del último siglo, las lluvias disminuyeron. Con el mismo estudio, al considerar sólo los forzantes naturales, los modelos no mostraron cambios.

“Hasta ahora, éste es el único estudio que, con las herramientas de que se dispone actualmente, muestra que las tendencias en la precipitación tuvieron su causa, al menos en parte, en la actividad humana global”, concluye Vera

Por Susana Gallardo

Fuente:
Gallardo Susana (2015), Aumento de la lluvia, Comprueban la influencia humana, NeX ciencia, UBA, disponible en

http://nexciencia.exactas.uba.ar/aumento-lluevias-comprueban-la-influencia-humana-cambio-climatico-carolina-vera

NeX ciencia es Noticias Exactas, un sitio de difusión de noticias e información relacionada con la ciencia y la tecnología Argentina, dirigido al público no especializado pero sí interesado. NeX ciencia se propone dar a conocer noticias, relatar trabajos científicos, presentar datos, conclusiones, las especulaciones que le dan forma a la ciencia, a través de la voz de sus protagonistas. También, hacer visible el entorno, muchas veces solapado, de la actividad científica y sus instituciones. Mostrar las caras, dar cuenta de las motivaciones, de la reflexión (http://nexciencia.exactas.uba.ar)


Para saber más se recomienda leer

lunes, 10 de agosto de 2015

Base Orcadas, Estudio del Campo Geomagnético Terrestre


El año pasado se publico en el blog un paseo fotográfico llamado "Base Orcadas, el trabajo diario en la Antártida" y, en este se incluyó una foto de las "Casas de Geomagnetismo". No se indicaron más datos que la imagen de estas construcciones negras que se destacaban en el blanco de la nieve que las rodeaban, se las veían en un paisaje imponente


Pero, quedó en el tintero el poder describirlas.
Hace unos días se pudo acceder a su interior y recorrerlas virtualmente... y mediante excelentes fotos se invita a aprender un poco más sobre la Antártida y la investigación en esas latitudes.




Para saber más sobre la Base Orcadas se recomienda ver
  1. Bases Antárticas Argentinas
  2. Un viaje al Continente Blanco, Especial Antártida (Clarín)
  3. Reservorio de datos metereológico en las Orcadas
  4. Base Orcadas- Paseo fotográfico- Fauna y flora
  5. Base Orcadas, El trabajo diario en la Antártida
  6. Llegan los pingüinos
  7. Guardaparques en la Antártida
Publicaciones del Blog relacionadas a esta temática 

domingo, 28 de junio de 2015

Auroras Australes en la Base San Martín

Por Alicia Andechaga




Un recorrido por la Base San Martín donde 
el cielo regala un espectáculo de colores. 
PDF

Para saber un poco más sobre las Auroras se recomienda visitar las siguientes entradas donde se explican y muestran varias fotos que permiten ver todos las gamas que pueden tomar



martes, 9 de junio de 2015

La Huella de carbono

¿Qué es la huella de carbono?
Por Alicia Andechaga

Hace unas décadas las calorías se convirtieron en nuestro peor enemigo y la obsesión sobre este tema obligó a la industria alimentaria a detallar en sus envases el valor nutricional de los productos. El dato más valorado de la tabla publicada era  el que marcaba las kilocalorías.

Recientemente, el afán por medir lo que ingerimos ha encontrado un análogo igualmente inquietante en la salud del planeta. El dióxido de carbono (CO2), se ha convertido en el nuevo enemigo público. Es necesario recordar que el CO2 es, como las calorías,  necesario para nuestra supervivencia. No habría fotosíntesis sin este gas, y por lo tanto no existiría la vida como hoy la conocemos.

Asimismo, un dato importante a tener en cuenta es que el  exceso de CO2  altera el clima al potenciar el efecto invernadero natural de la atmósfera. Desde que se confirmó la relación entre las altas emisiones de carbono y el calentamiento del planeta hace unas décadas, los distintos gobiernos -unos más que otros- han ido tomando, sobre todo en los últimos años, medidas para intentar frenar el cambio climático. Entre las acciones realizadas es firmar el Protocolo de Kyoto,

Desde ese acuerdo internacional, en 1998, algo ha vuelto a cambiar en los últimos años. Las grandes políticas internacionales están dejando paso a las pequeñas acciones locales e individuales. Ya no se trata de esperar pasivamente a que las industrias reduzcan sus emisiones.

El nuevo concepto de huella de carbono:
  • Indica que los consumidores emiten tanto o más que los fabricantes al hacer uso de los productos manufacturados.  
  • Se refiere a la cantidad de emisiones que recae sobre un individuo al consumir un producto o servicio, incluyendo las emisiones indirectas vinculadas a su fabricación, a la comercialización, transporte y procesamiento de productos o servicios. 
  • Demuestra que casi todas nuestras actividades, incluso comer, dejan su huella...
  • Es la medida del impacto que provocan las actividades del hombre sobre el ambiente, determinada según la cantidad de gases de efecto invernadero producida, la cual se mide en unidades de dióxido de carbono.
Hace poco se desarrolló "el calculador de huella de carbono" y se lo considera como una herramienta cuyo objetivo consiste en estimar las emisiones de CO2 producidas por el uso de energía, el transporte y otras actividades humanas. Además, nos muestra como muchas las actividades cotidianas generan emisiones de carbono que contribuyen a acelerar el calentamiento global y el cambio climático. 

Actividad
Te propongo averiguar tu huella con la  CALCULADORA DE LA HUELLA DEL CARBONO y después hacer una lista de los posibles cambios a realizar para que esa huella sea menor


Fuentes consultadas: 

Para saber un poco más recomiendo leer las fuentes consultadas arriba citadas y además


jueves, 14 de mayo de 2015

Botellas descartables para casas sustentables

Investigadores del CONICET crean ladrillos a partir de desechos plásticos.




Los ladrillos PET cuentan con una patente nacional obtenida en el año 2008, y un Certificado de Aptitud Técnica otorgado por la Subsecretaría de Vivienda y Desarrollo Urbano de la Nación en el año 2006. Foto: CONICET fotografía.

Uno de los residuos que más se acumulan en las ciudades son los envases no retornables de bebidas, un dato no menor si se tiene en cuenta que tardan 500 años en degradarse a la intemperie, y aún más si están enterrados.

En respuesta a esta problemática Rosana Gaggino, investigadora adjunta del CONICET en el Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE, CONICET-AVE), desarrolló junto a su equipo de colaboradores, un proceso para la utilización de plásticos reciclados en la elaboración de elementos constructivos, en este caso ladrillos de polietilen-tereftalato (PET).

“Usamos PET procedente de envases descartables de bebidas y cemento pórtland como ligante, más un aditivo químico que mejora la adherencia de las partículas plásticas al cemento”, detalla Gaggino.

La investigadora explica que el proceso se lleva a cabo triturando los plásticos con un molino, luego en una hormigonera común se hace una mezcla con el cemento pórtland y el aditivo, que luego se coloca en una bloquera manual que le da forma a los ladrillos. “El proceso es simple porque es como hacer bloques de cemento y arena, sólo que se remplaza la arena por las partículas de plástico PET”, asegura.

Entre las ventajas técnicas de estos ladrillos se puede mencionar que son cinco veces más aislantes térmicos que los convencionales de tierra, y además más livianos. “Un ladrillo de PET pesa 1.400 kg, mientras que el de tierra pesa aproximadamente un kilo más”, dice Gaggino.

Por otra parte, la investigadora agrega que los cimientos de una vivienda construida con estos ladrillos son menores que los de una convencional, ya que la vivienda en general es más liviana, y, al tener mayor aislamiento térmico, se pueden construir muros de menor espesor. “En vez de hacer paredes de 30 cm se pueden hacer de 15”, asegura.

Además, los estudios realizados indican que los ladrillos de PET y cemento tienen buena resistencia al fuego, ya que los resultados del Ensayo de Propagación de la Llama lo clasifican como material Clase RE 2: material combustible de muy baja propagación de llama.

En la actualidad estos componentes constructivos se utilizan para cerramientos y no con finalidad estructural por lo que se está trabajando en la modificación de la superficie del PET para aumentar la compatibilidad con el cemento, mediante la adición de productos químicos o cambios en el proceso de producción, y mejorar así las propiedades mecánicas de los componentes.

Gaggino hace hincapié en que un ladrillo de PET se hace con 20 botellas descartables, lo que resalta la importancia ambiental del proyecto, ya que puede ser una alternativa al ladrillo de barro cocido que consume suelo fértil, usa leña de los bosques, y produce contaminación atmosférica.


Pared de ladrillos PET
(Foto obtenida del Facebook de Fundación Energizar)


Por Jimena Naser
Sobre investigación:
Rosana Gaggino. Investigadora adjunta. CEVE.

Obtenido del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas http://www.conicet.gov.ar

sábado, 9 de mayo de 2015

Dónde van los herbicidas cuando llueve





Dónde van los herbicidas cuando llueve
Los pesticidas arrojados al ambiente se combinan con el suelo y pueden permanecer allí mucho tiempo. Con la lluvia, los compuestos tóxicos son liberados y pueden llegar a ríos, arroyos e, incluso, las napas. Un equipo de investigadores de Exactas UBA estudia en detalle las reacciones químicas entre las moléculas.

Los herbicidas, una vez arrojados en el medio ambiente, además de destruir las malezas, entran en combinación con el agua y el suelo. Los minerales arcillosos de los suelos, debido a que tienen un área superficial muy grande, son candidatos a retener mayor número de moléculas del herbicida. Foto: geralt/pixabay


Ante el uso masivo de herbicidas y pesticidas en la agricultura, se multiplican los estudios que analizan los efectos tóxicos sobre el ambiente, tanto en organismos animales como vegetales. Y, a pesar de que las etiquetas de los productos hablan de biodegradación, la realidad es que esas sustancias tóxicas interactúan con un conjunto de otras moléculas del ambiente, y se desconocen aún los efectos de esas combinaciones. Un equipo de investigadores indaga cómo es la interacción química entre el principio activo de un herbicida muy empleado en nuestros campos, el picloram, y ciertas arcillas que componen la mayor parte de los suelos de las pampas argentinas.

Cabe señalar que la combinación de picloram con otros herbicidas dio lugar al tristemente célebre agente naranja, empleado por el ejército estadounidense durante la guerra de Vietnam, en la década de 1960, con el fin de defoliar tierras forestales y rurales para privar a la guerrilla local de cubierta donde protegerse, y obligar a los campesinos a abandonar esas tierras arrasadas.

Además, el picloram, de la familia del ácido picolínico, es uno de los herbicidas más persistentes. De hecho, algunos estudios realizados en Canadá mostraron que entre un 10 y un 30% del compuesto se seguía detectando en los cultivos hasta un año después de su aplicación.

Pero ¿por qué se mantiene en el ambiente este compuesto tóxico? Lo cierto es que el herbicida picloram queda retenido en los sedimentos, y ello hace que su permanencia en el ecosistema sea mayor, según explica María dos Santos Afonso, profesora en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. En un trabajo publicado en Journal of Colloid and Interface Science, los investigadores detallan los procesos químicos que ocurren en las arcillas cuando su superficie entra en contacto con el herbicida. El primer autor es Jose Luis Marco-Brown, doctorado en el Departamento de Química Inorgánica Analítica y Química Física, de Exactas UBA, y actualmente, investigador del CONICET en la Escuela de Ciencia y Tecnología de la Universidad de San Martín.

Cuando llueve

Los herbicidas, una vez arrojados en el medio ambiente, además de destruir las malezas, entran en combinación con el agua y el suelo. Según el tipo de material con que interactúen, la unión química será más o menos perdurable. Los minerales arcillosos de los suelos, debido a que tienen un área superficial muy grande, son candidatos a retener mayor número de moléculas del herbicida.

María dos Santos Afonso y Jose Luis Marco-Brown.

Con la lluvia, el agua escurre y arrastra las moléculas del herbicida, que son liberadas en el medio acuoso desde la superficie de la arcilla. Pero la cantidad que se libera depende de cuán fuerte o débil sea la unión química establecida. Si la unión es muy fuerte, se libera menos herbicida y, por ende, es mayor la retención en el ecosistema y su persistencia en el tiempo. En cambio, si la unión es débil, el herbicida se libera fácilmente con la lluvia, pero puede terminar en los ríos y arroyos y en las napas subterráneas.

“Son dos fenómenos en contraposición –destaca dos Santos Afonso–; si la unión es lábil, el suelo queda libre rápidamente del compuesto, pero aumenta la probabilidad de contaminar las napas subterráneas. En cambio, si queda retenido en los minerales, la probabilidad de contaminar la napa subterránea es muy pequeña, pero el suelo queda afectado a largo plazo”.

Si bien muchos de los herbicidas incluyen en sus envases la leyenda de que son biodegradables, existen distintas formas en que ese proceso se realiza. Por un lado, los compuestos pueden degradarse en forma abiótica, es decir, mediante procesos químicos, inorgánicos. Por otro, la degradación puede efectuarse por la acción de microorganismos (biótica).

Otro proceso es la hidrólisis, que se da en el agua, donde la molécula se destruye. Pero, según remarca la investigadora, “siempre que hay un tipo de degradación, hay un producto final, depende de cuál sea ese producto y cuál su toxicidad. A veces, los compuestos de degradación son mucho más problemáticos que la molécula madre”.

Pero también hay otros factores que inciden en la toxicidad de un producto, por ejemplo, cómo está preparado el pesticida, qué aditivos y coadyuvantes posee, es decir, qué otras sustancias químicas componen el formulado, porque ellas también pueden ser tóxicas. Por ello los investigadores estudian el principio activo. Dos Santos Afonso comenta: “Para entender qué pasa con el herbicida, primero hay que trabajar con las sustancias puras; porque una marca registrada resulta de una combinación de sustancias, y es difícil saber cuál es la que produce el efecto que uno observa”.

En los experimentos, los investigadores prueban con diferentes proporciones y miden los efectos en todos los rangos. “Una sustancia en concentraciones como las que se usan habitualmente puede no ser tóxica, pero resulta tóxica por acumulación en el ambiente”, subraya la investigadora. Y agrega que los efectos son mayores a medida que el producto queda retenido en el suelo.

Biorremediación

Conocer cómo es la interacción entre los pesticidas y, en particular, entre los herbicidas y el suelo resulta imprescindible a la hora de decidir qué método emplear para remediar un ambiente contaminado. “Es necesario conocer en detalle cómo está constituido el lugar y cuál es la sustancia que uno quiere quitar del medio”, señala, y agrega: “Primero hay que saber qué sustancia es y cuál es la unión química con las moléculas del suelo”. Lo que se aplique para quitarlo dependerá de cuál sea esa reacción química. Saber cómo es esa reacción y cuán fuerte es la unión entre los compuestos sirve para decidir qué método usar para limpiar el sistema.

“El objetivo final es hacer un aporte para que se puedan establecer métodos de remediación que sean económicos y eficientes”, concluye dos Santos Afonso.

Obtenido de 
Gallardo Susana (6-mayo-2015), Dónde van los herbicidas cuando llueve, Nexciencia.exactas.uba.ar, disponible en http://nexciencia.exactas.uba.ar/herbicidas-plaguicidas-picloram-maria-dos-santos-afonso-medio-ambiente-biorremediacion 



viernes, 8 de mayo de 2015

Deforestación, agricultura y biodiversidad



APUNTES SOBRE EL PANORAMA GLOBAL Y LA REALIDAD DE CÓRDOBA 


Las tasas de deforestación sufridas por los bosques cordobeses no tienen parangón a nivel mundial, superando incluso a las correspondientes a bosques tropicales en otros países pobres. En este artículo, escrito especialmente para Hoy la Universidad, Marcelo Cabido –colaborador del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático que ganó el premio Nobel de la Paz en 2007– y Marcelo Zak, ambos investigadores y profesores de la Universidad Nacional de Córdoba, analizan la magnitud del problema a escala global y regional, haciendo hincapié en el caso de Córdoba.

El problema

La expansión e intensificación de la agricultura durante los últimos 50 años no registra precedentes en la historia de la humanidad. Entre 1960 y 2000 la población mundial se duplicó hasta alcanzar los 6.000 millones de habitantes, al tiempo que la economía global crecía seis veces; paralelamente, la demanda de alimentos y de servicios ecosistémicos aumentó en forma significativa. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés; 2001) la producción de alimentos casi se duplicó en ese período.





Parte de este incremento puede atribuirse a un aumento de alrededor del 12 % en la superficie cultivada, aunque no puede soslayarse el efecto de la “Revolución Verde” (cultivares de alto rendimiento, fertilizantes y pesticidas químicos, mecanización e irrigación), lo que implicó para el mismo lapso un incremento global del 700 % en el uso de fertilizantes y del 70 % en la superficie de cultivos bajo riego. Como consecuencia de ello, el rendimiento por unidad de área creció un 106% durante ese lapso.

Aún cuando la agricultura moderna ha logrado incrementar la producción de alimentos y fibras, al tiempo que aumentaba su demanda, los cambios en el uso de la tierra han desencadenado problemas ambientales a diferentes escalas, constituyendo la manifestación más evidente de la actividad humana sobre la biosfera. Tales transformaciones del territorio han ocasionado la pérdida de hábitats y biodiversidad, la alteración de la estructura y funcionamiento de los ecosistemas y la disminución de su capacidad para sostener la provisión de servicios (regulación del clima, producción de oxígeno, mantenimiento de la calidad del aire y del agua, desarrollo de los suelos, reciclado de productos de desecho) y recursos vitales (alimento, fibras, agua dulce, productos forestales).

Actualmente, cerca del 40% de la superficie libre de hielos del planeta está bajo agricultura, en tierras anteriormente cubiertas por bosques, sabanas y pastizales naturales. Tan sólo el reemplazo de bosques tropicales por cultivos sería responsable de hasta un 26% del total de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, al tiempo que contamos con evidencias suficientes del efecto de tales emisiones sobre el clima regional y global (por ejemplo el aumento de las temperaturas promedio en el planeta). Mientras tanto, la destrucción de hábitats naturales para producir alimentos u otros productos agrícolas destinados al consumo humano o animal (tal el caso de los afamados commodities), representa la más severa y extendida amenaza a la biodiversidad global (Millennium Ecosystem Assessmenmt 2003).

Magnitud, extensión y distribución del problema

Tanto la extensión como la distribución actuales de los territorios bajo agricultura constituyen un aspecto relativamente nuevo en la superficie de la Tierra. La expansión de la agricultura desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad ha sido mayor que durante todo el siglo XVIII y la primera mitad del XIX. Tal crecimiento ha ocasionado la pérdida neta de alrededor de 11 millones de km2 de bosques en los últimos 300 años (FAO 2004), pérdida que no se detiene, con valores anuales de deforestación de 146.000 km2 durante la década de los ‘90.

Las principales áreas de cultivo del mundo se encuentran en regiones con suelos productivos y condiciones climáticas adecuadas: el cinturón maicero de Estados Unidos, las praderas de Canadá, el cinturón cerealero de Europa, las llanuras de inundación del Ganges, las zonas de trigo y arroz del este de China, las pampas de Argentina y el cinturón triguero de Australia. Áreas de menor extensión ocurren en distintos lugares del mundo, mientras que grandes sectores de África se caracterizan por una agricultura de subsistencia.

Al presente, la superficie cultivada se está expandiendo en cerca del 70 % de los países del mundo, está disminuyendo en el 25 % y se mantiene estable en un 5 % de los mismos (FAO 2004). Si bien la presión de colonización de nuevas tierras para agricultura está en aumento a escala mundial, la extensión de la superficie destinada a agricultura y pasturas ha disminuido en los países desarrollados, lo cual contrasta con su continua expansión en los países en desarrollo [gráfico "Producción mundial..."]. Así, las evidencias muestran que la expansión reciente de bosques boreales y templados es superada por la continua pérdida de ecosistemas forestales en regiones tropicales, principalmente convertidos en tierras agrícolas (FAO 2001).

Aunque las estimaciones varían, la población mundial probablemente se incrementará hasta estabilizarse entre los 8 y 10 mil millones de habitantes hacia el año 2050. Junto a este crecimiento poblacional se observaun rápido incremento en el consumo per capita, siendo así posible que la demanda de alimentos aumente entre dos y tres veces hacia mediados del siglo. A pesar de los progresos tecnológicos en la genética de granos, en el control de pestes y malezas, y en las prácticas de laboreo (tal el caso de la siembra directa, por ejemplo), para satisfacer las necesidades expuestas -bajo la tecnología actual- la superficie total de tierras cultivadas debería incrementarse en un 18% (aproximadamente 15 millones de km2) en el mismo período [gráfico "Producción mundial..."]. Informes recientes de la FAO predicen incrementos de hasta 30 % en la superficie cultivada para América del Sur, el África Sub-Sahariana y, en general, para los países con economías en desarrollo.

Frente a estas tendencias cabe preguntarse cuáles serán las consecuencias de un nuevo aumento en la producción de alimento en las próximas décadas y qué impactos produciría tal incremento sobre el funcionamiento de los ecosistemas naturales (no agrícolas), y en los servicios que ellos ofrecen.

A juzgar por lo expuesto hasta aquí, la agricultura en el planeta habría ya superado un punto de inflexión amenazante, pasando de ser una causa menor de degradación ambiental hace tan sólo 35 años, a constituir la principal fuente de deposición de nitrógeno y fósforo en ambientes terrestres, acuáticos y marinos, como así también la causa más importante de la desaparición y fragmentación de hábitats y de la consecuente pérdida de bosques y biodiversidad.

Por otra parte, y dadas las limitaciones aparentes sobre las posibilidades reales de incrementar la producción de alimentos sólo a través de las innovaciones tecnológicas (intensificación), es probable que para doblar tal producción deba recurrirse, como se expuso en los párrafos anteriores, a un marcado incremento en la superficie cultivada. Así, y considerando que los mejores suelos se encuentran ya bajo algún tipo de cultivo, el aumento de la superficie para agricultura deberá ser desproporcionado para poder satisfacer una mayor producción. Tal aumento en la superficie cultivada ocasionaría la pérdida de unos 2,68 millones de km2 de ecosistemas naturales alrededor del mundo, por ejemplo los bosques subtropicales xerófilos estacionales remanentes en Córdoba y el norte argentino. La pérdida de ecosistemas naturales resultante incrementaría la proporción de especies amenazadas y/o en peligro de extinción. Paralelamente, provocaría también una emisión masiva de dióxido de carbono por clareo y tala. Aun más, dado que los ecosistemas de alta diversidad ocurren generalmente sobre suelos poco fértiles, tal el caso de selvas y sabanas tropicales, la conversión de ecosistemas pobres en nutrientes en tierras de cultivo produciría un impacto desproporcionado sobre la biodiversidad global. Si este efecto aumenta, como se proyecta para el doble de producción de alimento en las condiciones tecnológicas actuales, la agricultura transformará, sin margen de duda, el resto de los ecosistemas no agrícolas del planeta.

De esta manera, el impacto ambiental global de los cambios en el uso del suelo sobre los ecosistemas naturales y sobre los servicios que ellos proveen sería aun más grave que el del cambio climático global (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático 2000).


Panorama sudamericano, argentino y cordobés


En concordancia con las tendencias de alcance global, los principales factores de cambio en el uso y cobertura del suelo en América del Sur son la deforestación y la expansión de la agricultura. Algunos estudios dan cuenta de 4.277.000 km2 de bosques convertidos total o parcialmente para la agricultura en el continente. La deforestación de la Selva Amazónica fue muy reducida hasta 1975, pero hacia fines de los ‘90 se habían deforestado en el Amazonas brasilero cerca de 350 mil km2 de selvas, la mayor parte de ellas para cultivos. Este proceso de cambio en el uso del suelo, lejos de detenerse, ha continuado ininterrumpidamente hasta el presente, tal el caso de las tierras bajas de Bolivia, por ejemplo, donde se observan tendencias similares con una aceleración en la tasa de pérdida de bosques. Los mapas recientes de la vegetación del continente indican un proceso similar de expansión de la agricultura en el Chaco del sur de Bolivia y norte y centro de Argentina.

En este contexto, la Organización de las Naciones Unidas (United Nations 2001) predice para América Latina la casi duplicación de su población, alcanzando 1.025 millones de habitantes hacia mediados del siglo; este crecimiento daría lugar tanto a la extensificación como a la intensificación del proceso de deforestación, principalmente para ampliar la superficie cultivada.

En la República Argentina, el incremento en la producción de granos ha seguido una tendencia similar a la de los demás países sudamericanos. En los últimos 50 años aumentó de 20 a 70 millones de toneladas, estimándose que pronto llegará a 100 millones.



Esto, como deriva de lo anteriormente expresado, implica una conversión sostenida de ecosistemas naturales en tierras agrícolas, lo cual ocurre primordialmente en seis de sus ecorregiones: las Selvas de las Yungas y Paranaense, el Chaco Seco, el Chaco Húmedo, el Espinal y la Pampa [gráfico "Ecorregiones de Argentina..."]. En las ecorregiones restantes la agricultura está muy concentrada en bolsones de riego –por ejemplo, los “oasis” cuyanos– y algunos valles –tal el caso de los patagónicos–, o bien se trata de agricultura y plantaciones de subsistencia, fuertemente limitadas por las condiciones climáticas y edáficas predominantes a escala local. En términos generales, la tasa de deforestación registrada por la FAO (2001) para Argentina (0,8 % anual) es ya una de las más altas de América del Sur, aunque resulta ampliamente superada en algunos sectores del territorio, tal el caso de la provincia de Córdoba.


En Córdoba están bien representadas tres de las ecorregiones mencionadas: el Chaco Seco, el Espinal y la Pampa [gráfico "Ecorregiones de Argentina...]. En el Chaco Seco (o Semiárido) un conjunto de factores concurrentes, demandas y precios del mercado internacional, paquetes tecnológicos, incremento en las precipitaciones en algunos sectores, han contribuido a un avance notable de la frontera agrícola durante la segunda mitad del siglo pasado. La expansión de la agricultura ha sido posible a partir de la conversión de grandes extensiones de bosques, lo que provocó tanto la desaparición de hábitats como su fragmentación a lo largo del centro y norte argentino, en las provincias de Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Chaco y Formosa [gráfico "Evolución de la superficie..."].


Lamentablemente Córdoba constituye el más dramático ejemplo de esa realidad: los procesos de expansión de la agricultura en los departamentos del norte cordobés, entre 1970 y 2000, ocasionaron la pérdida de más de 10 mil km2 de bosques xerófilos estacionales (chaqueños) por conversión a cultivos anuales, principalmente soja. También el precio diferencial de la tierra en relación a sus altos valores en la ecorregión pampeana, sumado a un proceso de concentración de su propiedad en manos de grandes capitales, han promovido elevadas tasas de deforestación. En algunos territorios, (nuevamente el norte de Córdoba se presenta como ejemplo “de libro”), tales tasas han alcanzado valores entre los más altos del mundo.



Por su parte, el Espinal posee suelos muy aptos para el desarrollo de actividades agrícolas, por lo cual sus bosques comenzaron una franca declinación hacia comienzos del siglo XX. La expansión de la frontera agrícola desde la ecorregión Pampeana es responsable de la reducción de las masas boscosas, especialmente en las provincias de Córdoba y Santa Fé, quedando escasos manchones relictuales en una extensa matriz de cultivos anuales.

La ecorregión Pampeana ubicada en el sector sud-este de Córdoba, es la que más profunda y tempranamente fue transformada por la agricultura. El comienzo de la conversión de los pastizales del Río de La Plata estuvo asociado al arribo de los colonizadores europeos en la primera mitad del siglo XVI. A partir de la colonización, los herbívoros nativos, venados, ñandúes y en algunas áreas guanacos, fueron reemplazados por ganado exótico, mular, caballar, vacuno y ovino.El fuego, utilizado por los aborígenes para diversos objetivos como la caza y la comunicación, fue adoptado para el manejo ganadero, con lo cual los extensos y altos pajonales existentes antes de la colonización fueron convertidos en pastizales de pastos bajos.

Así, a lo largo del siglo XIX y principios del XX la mayor parte de los pajonales originales fueron reemplazados por tierras agrícolas, y los sitios con limitaciones edáficas (salinidad, anegamiento, entre otras) –tal el caso de los terrenos inundables del sur provincial, por ejemplo–, se transformaron en pastizales bajos, destinados a la producción de carne. Esta etapa estuvo también caracterizada por la introducción de especies exóticas, principalmente del Mediterráneo, adaptadas a condiciones de suelos con laboreo. Durante las últimas décadas la agricultura se expandió considerablemente por cambios en los mercados globales y por la incorporación de nueva tecnología. De esta forma se llegó a la siembra directa, de la mano de la aplicación del herbicida glifosato, de la incorporación de variedades vegetales genéticamente modificadas y de la implementación del sistema trigo-soja. En las tres ecorregiones mencionadas la difusión de la siembra directa fue acompañada por la de la soja [gráfico "Evolución de la producción..."].


El resultado final de los procesos de conversión de ecosistemas naturales a campos de agricultura en Córdoba se observa en el gráfico "Cobertura de la vegetación...". Aproximadamente 120.000 km2 de bosques presentes en la provincia a comienzos del siglo XX han sido reducidos a 6.400 km2 de bosques relativamente bien conservados, 10.600 km2 de bosques de sustitución y 9.600 km2 de matorrales.


Mirando al futuro

Al tiempo que nuestro país recuperaba la tan anhelada vida democrática, la expansión de la agricultura, y con ella el avance de la frontera agropecuaria a instancias de los bosques nativos, iba tomando trágica forma en la provincia de Córdoba. Así, los gobiernos de turno no fueron capaces, por comisión u omisión, de garantizar el “derecho de los habitantes a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras”, cómo versa el Art. 41 de la Constitución Nacional, ni de “resguardar la supervivencia y conservación de los bosques”, tal como indica la Constitución de la Provincia de Córdoba en su Art. 68. Entonces, bien podría sostenerse que la deforestación sufrida por la provincia de Córdoba es, además de inaceptable y ruinosa desde lo ambiental, inconstitucional, comprometiendo a los sucesivos responsables de la administración pública en instancias de incumplimiento de sus deberes. Así, y sumado al escaso mérito personal de los tomadores de decisiones sucesivos y eventuales, se agregó una preocupante complicidad muchas veces inconsciente, aunque no por ello menos grave. Esto, combinado con la ambición privada desmedida en un período de expansión del mercado internacional de granos y de la tecnología de producción de alimentos, gestó una combinación explosiva que, unas pocas décadas después, nos posiciona en una situación límite, sin más alternativas futuras que la simple y total protección de los escasos relictos de vegetación nativa.

Lamentablemente, al igual que en muchos otros aspectos relativos a lo ambiental, las posiciones de compromiso intermedias son inviables por lo ineficaces que resultan: así, no se puede abrir el juego simultáneamente a la protección de los bosques y a la expansión agroganadera, no en esta instancia, resulta demasiado tarde para ello.

Las tasas de deforestación sufridas año a año por los bosques cordobeses no tienen parangón a nivel mundial, superando incluso a las correspondientes a bosques tropicales en otros países pobres que, como consecuencia, resultan aun más infortunados. Sucede que cuando se pierden los ecosistemas de bosque desaparecen también, junto a la pérdida obvia de bienes forestales, los servicios ecosistémicos que estos proveen y que redundan en beneficios continuos, gratuitos e insustituibles para las poblaciones humanas (tal el caso de los servicios de purificación del aire y el agua, de formación y retención de suelos, de control de sequías e inundaciones, de polinización, entre tantos otros).

Lamentablemente esto no es comprendido cabalmente por muchos formadores de políticas y emprendedores privados, por lo cual resulta necesario traducirlo aun más claramente: sin los ambientes naturales los sistemas de soporte de vida colapsan, y con ellos nuestra propia existencia, sin alternativa, sin solución. Siendo esto así, ¿existe aún algo que deba ser discutido al respecto? Esto ha sido suficientemente probado por un sinnúmero de estudios realizados alrededor del mundo por los más prestigiosos científicos y técnicos, siendo por ende incontrastable con posiciones basadas simplemente en pareceres particulares, tan a menudo utilizadas para, en la confusión, apoyar dudosas intenciones.

Bien sabemos entonces qué ocurrirá si persistimos en la conducta irresponsable, egoísta y malintencionada que nos ha llevado hasta el estado actual de cosas. Pero, ¿qué queda entonces por hacer? Tristemente no mucho, aunque quizás sea tiempo de retomar los votos de nuestros mejores próceres nacionales, aquellos que 200 años atrás pensaron en una nación posible, con un espacio para todos y cada uno de nosotros.

A esta altura, y en este orden de cosas, ello implica la puesta en vigencia de una ley que proteja sin más dilaciones los escasos bosques nativos del territorio provincial, lo cual sólo será posible si nuestros legisladores se comprometen con la propuesta realizada oportunamente sobre la base de un enfoque científico y ampliamente participativo por la Comisión de Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos (COTBN). Si esto así ocurriera, si la Unicameral cordobesa enarbolara el espíritu de tal propuesta en defensa del patrimonio ambiental relictual de Córdoba, podríamos comenzar a reandar un camino signado por numerosos fracasos en la política ambiental de Córdoba, 200 años después.
Por Marcelo Cabido y  Marcelo Zak 

Publicado el 22/2010/Junio en
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