lunes, 28 de diciembre de 2015

Eventos climáticos extremos y "La mano del hombre"

Eventos climáticos extremos

La mano del hombre

ACTUALIDAD — POR  EL 05/11/2015 A LAS 13:23 
La ola de calor que afectó buena parte del país en diciembre de 2013 tuvo como actor principal al calentamiento global generado por el aumento de gases de efecto invernadero derivados de la actividad humana. La mayor concentración de estos gases, además, ha multiplicado por cinco el riesgo de que ocurra un evento de estas características extremas. Esta afirmación surge de un trabajo realizado por climatólogos argentinos y franceses recientemente publicado en el Boletín de la American Meteorological Society.




Esta nota se refiere al suceso argentino del 2013...sólo hace dos años,  hoy estamos en alerta naranja y con el litoral argentino inundado...

Para saber más sobre  este  tema  recomiendo leer la nota completa La mano del hombre

Buenos Aires, diciembre de 2013, los días calurosos se suceden, uno tras otro, implacablemente. Después de una semana, la ciudad se parece cada vez más a una olla a presión. Por las noches, la temperatura no cede, lo que impide que pueda refrescarse el asfalto, el cemento y hasta los cuerpos. El único refugio para escapar de ese infierno son los ambientes con aire acondicionado. Así se llenan shoppings y cines en busca de un poco de alivio, pero la red eléctrica no soporta tanta exigencia y comienzan a producirse cortes en el suministro en toda el área metropolitana, lo que desata protestas de la población. Pasados veinte días, la ciudad se encuentra al borde del caos. Pero esta inclemencia climática no se abate sólo sobre Buenos Aires sino que abarca un área muy extensa que incluye todo el centro y el norte del país y alcanza también al norte de la Patagonia.

Los registros del Servicio Meteorológico Nacional indican que diciembre de 2013 fue el mes más caluroso observado en las últimas décadas, con una temperatura 2,5ºC mayor respecto de la temperatura media registrada para el período 1961-1990. La ola de calor, cuyo pico se produjo entre el 13 y el 31 de diciembre fue la más prolongada vivida en el área metropolitana desde que se iniciaron las observaciones instrumentales en 1906. Este evento extremo provocó graves consecuencias sobre la salud de la población -más de veinte personas fallecidas por distintas causas relacionadas con las altas temperaturas-, y sobre la producción y distribución de la energía -en la última quincena de diciembre hubo 17 picos históricos de consumo eléctrico-, lo que causó múltiples fallas en el sistema.

En cada charla de café, en la casa o la oficina, la frase se repetía de manera sistemática: “Lo que está pasando se debe al cambio climático”. Esto muestra de qué manera ha sido incorporado este concepto en el imaginario colectivo. Pero claro, una cosa es decirlo entre amigos y otra muy diferente es probarlo desde el punto de vista científico. Si bien a lo largo de sucesivos informes tanto la comunidad científica argentina como, a nivel global, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) han venido advirtiendo que, como consecuencia del calentamiento global, cada vez se producirá un número mayor de fenómenos extremos (olas de calor, de frío, lluvias intensas, sequías, etc.), esta afirmación hace referencia a una tendencia. Pero para probar la relación causal en el caso de un evento singular, es necesario investigar cada caso individualmente, con las dificultades que esa tarea conlleva teniendo en cuenta que semejantes eventos climáticos tienen en general múltiples causas.

Carolina Vera, Alexis Hannart y Bibiana Cerne.
Eso, precisamente, fue lo que consiguieron científicos franceses y argentinos que trabajan en el Centro del Investigación del Mar y la Atmósfera (CIMA – UBA CONICET) y en el Centro Franco-Argentino para el Estudio del Clima y sus Impactos (IFAECI/CNRS). “El principal resultado que encontramos es que hay una influencia causal clara del forzante antropogénico en el caso de la ola de calor de diciembre de 2013”, explica en muy buen castellano el climatólogo francés Alexis Hannart, uno de los autores del trabajo, que trabaja en Argentina desde hace varios años. Cuando Hannart habla de “forzantes antropogénicos” se refiere a los llamados gases de efecto invernadero (GEI) que, producidos por diversas actividades humanas, son los responsables del calentamiento global. “En un mundo sin revolución industrial, sin altas concentraciones de dióxido de carbono (CO2) sería mucho menos probable que ocurriera un evento de estas características”, precisa.

En efecto, según señala el escrito, el calentamiento global ha producido un aumento del riesgo de que se produzca una ola de calor tan extrema como la del 2013 en un factor de cinco. “Esto significa que sin calentamiento global el riesgo de ocurrencia era de una vez cada 75 años y ahora, con el calentamiento global, es de 1 cada 15 años. Pero, además, dado que la concentración de gases de efecto invernadero sigue aumentando, el calentamiento cada vez es mayor, por lo cual, en algunos años su frecuencia puede acelerarse”, explica Carolina Vera, quien junto con Bibiana Cerne -ambas investigadoras del CIMA y profesoras del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA-, son las autoras argentinas del informe.

Para alcanzar este resultado, los investigadores tuvieron que analizar los datos climáticos observados y realizar múltiples simulaciones a partir de un modelo numérico del clima global. “Dado que se trata de eventos poco frecuentes, para poder medir una probabilidad de ocurrencia con suficiente precisión, es necesario hacer muchísimas simulaciones. Y ahí se presenta un problema técnico porque no sólo hay que tener el modelo sino también la capacidad computacional para correrlo. Son estudios muy costosos en términos computacionales. Entonces, nos asociamos con un grupo de la Universidad de Oxford que cuenta con una capacidad informática muy fuerte. Por eso uno de sus investigadores también es coautor del trabajo”, relata Hannart.

Hay que tener en cuenta que los estudios relacionados con cambio climático tienen un rango de incertidumbre, por un lado, debido a que los modelos no son perfectos; y, por el otro, a que la variabilidad natural del clima puede ser grande, y resulta difícil de distinguir el efecto antropogénico. Sin embargo, en este caso, se ha logrado alcanzar un grado de confianza lo suficientemente alto como para atribuir, en parte, el evento extremo a los forzantes antropogénicos.

La relevancia del trabajo se pone de manifiesto con su inclusión en el suplemento especial del Boletín de la American Meteorological Society (BAMS). Este volumen, que este año se publica por cuarta vez, es coordinado por investigadores de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA), una agencia científica que depende del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, muy prestigiosa a nivel global.

El Boletín reúne 32 estudios que analizan eventos climáticos extremos ocurridos en un año en particular, en este caso el 2014, en diferentes partes del mundo. Cada artículo tuvo que atravesar un proceso muy riguroso de revisión independiente llevado a cabo por los editores del boletín y por evaluadores externos.

“El BAMS es una de las revistas de alto impacto internacional en la temática del clima por eso es muy importante formar parte de este tipo de volúmenes. Además, implica una suerte de certificación de la calidad del trabajo realizado”, precisa Vera.

Esta cuarta edición del BAMS incorpora, por primera vez, trabajos realizados por grupos de investigadores sudamericanos sobre eventos extremos que tuvieron lugar en esa región del planeta. Además del argentino, aparece un estudio sobre una sequía en el sudeste de Brasil. Sin embargo, en este caso, los científicos brasileños no pudieron establecer su relación causal con el calentamiento global.

Uno de los objetivos centrales que persiguen este tipo de estudios es mejorar el entendimiento de las causas que dan lugar a los eventos climáticos extremos para poder pronosticarlos cada vez con mayor certeza. Asimismo, conocer su frecuencia y características constituye una herramienta fundamental para preparar a las sociedades de manera tal que se puedan minimizar sus impactos.

“Este trabajo pone en evidencia la necesidad de contar con nuevas metodologías”, afirma Hannart y se explaya: “Fíjense que recién ahora, casi dos años después, sale el estudio sobre este evento. Ya es tarde, tanto para la población como para los responsables de las políticas. Hay un reconocimiento de este problema entre la comunidad climática y se está trabajando para acortar esos tiempos. Para eso va a ser necesario desarrollar nuevas tecnologías que tendrán que estar relacionadas con el big data. Se está poniendo mucho esfuerzo para abordar este desafío”.

Alcanzar este objetivo sería clave ya que se sabe que en el momento en que ocurre algún fenómeno extremo se abre una ventana de comunicación muy poderosa para ayudar a que tome conciencia la población y los gobiernos. De esta manera, se contribuiría a que se llevaran a cabo los cambios estructurales necesarios para moderar las graves consecuencias que acarrean estos eventos. Que además, serán cada vez más frecuentes.



Fuente :

NeX ciencia es Noticias Exactas, un sitio de difusión de noticias e información relacionada con la ciencia y la tecnología Argentina, dirigido al público no especializado pero sí interesado. NeX ciencia se propone dar a conocer noticias, relatar trabajos científicos, presentar datos, conclusiones, las especulaciones que le dan forma a la ciencia, a través de la voz de sus protagonistas. También, hacer visible el entorno, muchas veces solapado, de la actividad científica y sus instituciones. Mostrar las caras, dar cuenta de las motivaciones, de la reflexión (http://nexciencia.exactas.uba.ar)

Rocca Gabriel (05/11/2015), La mano del Hombre, disponible en

jueves, 17 de diciembre de 2015

Reconstruyendo el rompecabezas de la fauna antártica (Cretácico Superior)


“En lo que respecta al desarrollo de la paleontología, y en particular en el conocimiento de la historia de la evolución de la Antártida, Argentina viene dando ‘puntadas con hilo’ y ocupa un lugar preponderante. Habla muy bien del desarrollo académico que tiene nuestro país y hay que sostenerlo” Novas (en Leone, 2015)


“Toda esta fauna que estamos agregando y empezando a dar a conocer forma parte de esa fauna sureña, llamada Weddeliana. Los autores de estos hallazgos somos argentinos y por eso estamos orgullosos” Novas (en Leone, 2015)


Investigadores del CONICET
reportaron el hallazgo de un dinosaurio y
un reptil marino del continente más austral.
PDF para descargar

Hace 70 millones de años, en el período Cretácico, la Antártida no se parecía en nada a la gran masa de hielo que se conoce hoy en día. En aquel momento estaba parcialmente cubierta por mares poco profundos que no eran fríos como los actuales. Los continentes estaban mucho más cercanos entre sí y las aguas que cubrían el continente Antártico eran menos profundas y más cálidas, por lo que eran habitadas por invertebrados y reptiles como mosasaurios, plesiosaurios y tortugas.


Movimiento de las placas tectónicas:
las imágenes muestra el cambio desde el Período Pérmico de la Era Paleozoica, hasta hoy. 



"El ambiente terrestre esos tiempos estaría conformado por las selvas de Nothofagus, bajo un clima muy húmedo y templado a fresco-templado , condiciones libres de heladas y de alta precipitación. Anillos de crecimiento bien definidos dentro de muestras de madera fósiles recuperados muestran que el clima era marcadamente estacional." Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)



Mapa que muestra la localidad fosilífera y la columna estratigráfica del sitio. La localidad se indica con una silueta. Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)
Desde el año 1998 el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN, CONICET) y el Instituto Antártico Argentino (IAA) mantienen proyectos de cooperación para la búsqueda de restos fósiles de vertebrados en el noreste de la Península Antártica, más específicamente en las islas Vega y James Ross.

En ese marco, recientemente realizaron expediciones que estuvieron a cargo de Juan M. Lirio, geólogo del IAA familiarizado con las rocas que afloran en la región, y de Marcelo Isasi, profesional principal del CONICET en el MACN. En esos viajes hallaron distintos restos fósiles que luego Fernando Novas, investigador principal del CONICET en el MACN describió junto a su equipo.

Según Novas (en Leone, 2015)  “el grupo de trabajo ha tenido la fortuna de recorrer rocas del Período Cretácico, que es el último de los períodos en que se divide la Era Mesozoica, conocida como ‘la Edad de Oro de los Reptiles’ y descubrir restos fósiles de distintos grupos de vertebrados que habitaron el medio acuático -tortugas, mosasaurios y plesiosaurios- y el medio terrestre –dinosaurios y otros reptiles- y aves que sobrevolaban el continente y la superficie del mar, hace 70 a 80 millones de años atrás”.  El paleontólogo explica que hace 15 años se logró el hallazgo que fue la punta del iceberg, un cráneo de mosasaurio -reptil marino-. Esto permitió el descubrimiento toda  toda una fauna de vertebrados propia de la región polar. Más recientemente hallaron los fósiles de una tortuga, un plesiosaurio -reptil marino- y de un dinosaurio que cubren un lapso de diez millones de años.

En un equipo todos son importante y cada integrante aporta su colaboración desde su especialidad para lograr así el mejor  resultado. Lirio destaca el trabajo técnico en la Antártida realizado por Isasi, quien debió trabajar a contratiempo bajo la inclemencia del clima polar para recuperar las piezas muy fragmentadas.

“La nieve cubre la superficie donde uno camina observando los indicios fósiles. Dependemos del clima para la extracción y la prospección. Nos deja un helicóptero 50 días y hay que regular el trabajo. Además, los fósiles están muy fragmentados porque la nieve va quebrando las rocas y el permafrost que es la tierra de ahí que se congela y descongela generando fracturas en los huesos fósiles. Requerimos de una gran logística para que los materiales puedan ser extraídos y lleguen al laboratorio”, aclara Isasi (en Leone , 2015).

Una vez que los fósiles fueron traídos al MACN, Isasi y otros técnicos del taller de paleontología comenzaron a preparar los huesos craquelados, por las causas que antes explicadas . Posteriormente, Novas y su equipo  realizaron los estudios anatómicos y pudieron hacer a continuación la descripción científica de los ejemplares antárticos.

En esta última expedición descubrieron fragmentos de un reptil marino y de la pata de un nuevo dinosaurio. Los especialistas destacan que no es común encontrar reptiles terrestres en la Antártida dado que los sedimentos son marinos, y por eso les llamó la atención.

“Se llama Morrosaurus antarcticus porque se lo encontró en la península de El Morro en la Isla James Ross. Pertenece a un grupo de dinosaurios herbívoros ornitisquios – conocidos como los dinosaurios de cadera de ave- que era un grupo raro dentro de lo que era el supercontinente de Gondwana en el Cretácico, y no eran tan abundantes como los saurópodos, por ejemplo. Posee características anatómicas que se relacionan con dinosaurios de Patagonia que también pertenecen a este grupo. El miembro posterior nos muestra que eran animales esbeltos y adaptados a la carrera. Tendrían alrededor de 4 o 5 metros de largo” Rozadilla (en Leone, 2015), quien es investigador del MACN, miembro del equipo de Novas, y también el autor de la ilustración de este animal.

"Es un hallazgo importante que nos permite armar mejor el rompecabezas de la fauna de la Antártida cuando estaba unida a otros continentes como Oceanía y parcialmente al actual territorio de la Argentina. La Antártida empezó a tener grandes masas de hielo hace 40 millones de años"  Agnolín (en Clarín, 2015)

En este sentido los científicos explican que este hallazgo les permite inferir que había conexiones entre la fauna de Sudamérica, más particularmente de la Patagonia, con la del continente Antártico. Existían reportes de esta unión con la fauna marina y ahora hay más evidencias de que pasaba algo semejante con la fauna terrestre. Este nuevo ejemplar se parece al Talenkauen santacrucensis, un dinosaurio herbívoro que fue descubierto por el equipo de Novas en la provincia de Santa Cruz. Fue hallado en rocas del Cretácico Superior de una edad semejante, y es comparable al ejemplar de la Antártida.

Representación del árbol filogenético con las posibles interrelaciones de iguanodontian. Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)
"Morrosaurus constituye una adición importante al conocimiento de los ornitópodos de Gondwana, particularmente taxones de Antártida. Sin embargo, estos últimos siguen siendo muy mal conocidos y varios son registrados mediante esqueletos incompletos. Al respecto de esto, los análisis más detallados, así como hallazgos de nuevos ejemplares aumentará nuestro conocimiento de sus sistemática y distribución paleobiogeográfica" Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)

“Nos llamó la atención darnos cuenta de que una y otra vez en Antártida se descubren con restos fósiles de este linaje de dinosaurios herbívoros: ornitisquios ornitópodos. Eran de andar bípedo y se alimentaban probablemente de plantas comparables a las que hoy crecen en los Andes del sur. Antártida era un continente que estaba conectado parcialmente con la Patagonia y por lo tanto los animales y las plantas también se dispersaban por los dos continentes. Los dinosaurios no fueron la excepción e incluso hasta habrían llegado a Australia y Nueva Zelanda. Eran millones de kilómetros cuadrados, extensiones gigantescas en las que existían variaciones climáticas y geográficas, pero que a pesar de todo compartían una fauna y flora comparables”, agrega Novas (en Leone, 2015).

En la misma expedición se descubrieron otros restos pertenecientes a un plesiosaurio, un gran reptil depredador que habitaba los mares prehistóricos. Este hallazgo es muy importante porque es el primer espécimen de la familia Polycotylidae descubierto en la Antártida y nuevamente se muestra una conexión con la fauna patagónica, ya que en esta región se habían encontrado previamente un cráneo de esta familia de plesiosaurios.

"Encontramos los restos de la columna vertebral, la cadera y las patas de atrás. Es el primer hallazgo de ese tipo de plesiosaurio, que usaba el olfato cuando cazaba. Es una rareza, porque la mayoría de los plesiosaurios tienen cuellos largos, y el que descubrimos en la Antártida tiene cuello corto. Esta especie también desapareció en la misma época que los grandes dinosaurios" Agnolín (en Clarín, 2015)

“Los policotílidos no son los más abundantes. Tienen los isquiones -huesos de la pelvis- más robustos y en forma de ‘v’, eso nos permitió diferenciarlos del resto de los plesiosaurios. Tenían la cabeza pequeña y el rostro alargado con dientes filosos, por lo que creemos que se alimentaban enterrando el hocico en el barro para buscar invertebrados. Esto los diferenciaba de la mayoría de los plesiosaurios que se encuentran en la Antártida, que son de cuello más largo”, afirma Julia D’Angelo (en Leone, 2015), quien es investigadora del MACN.

En el marco del Plan Anual Antártico este verano unos 20 paleontólogos argentinos partirán nuevamente al continente Antártico en búsqueda de nuevos restos para desentramar la historia de la evolución de esa región y de Sudamérica.


Fuente:
Leone, Cecilia (2015), Reconstruyendo el rompecabezas de la fauna antártica, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, disponible en 
http://www.conicet.gov.ar/reconstruyendo-el-rompecabezas-de-la-fauna-antartica/

Rozadilla, S - Agnolin, F. L - Novas, F. E - Aranciaga Rolando, A. M - Motta M. J -  Lirio, J. M - Isasi, M. P (2015),  A new ornithopod (Dinosauria, Ornithischia) from the Upper Cretaceous of Antarctica and its palaeobiogeographical implications, disponible en
https://www.researchgate.net/publication/282294611_A_new_ornithopod_Dinosauria_Ornithischia_from_the_Upper_Cretaceous_of_Antarctica_and_its_palaeobiogeographical_implications 

también en http://ac.els-cdn.com/S0195667115300677/1-s2.0-S0195667115300677-main.pdf?_tid=1280e632-a590-11e5-8602-00000aacb361&acdnat=1450447571_fcc4e6e10b08d785c405683eea098bd8

Clarín (17-12-2015),  Hallan un dinosaurio que vivió en la Antártida cuando había bosques, disponible en
http://www.clarin.com/sociedad/dinosaurio-plesiosaurio-paleontologia-Antartida-ciencia_argentina-Conicet_0_1487251512.html

Para saber un poco más sobre