lunes, 28 de diciembre de 2015

Eventos climáticos extremos y "La mano del hombre"

Eventos climáticos extremos

La mano del hombre

ACTUALIDAD — POR  EL 05/11/2015 A LAS 13:23 
La ola de calor que afectó buena parte del país en diciembre de 2013 tuvo como actor principal al calentamiento global generado por el aumento de gases de efecto invernadero derivados de la actividad humana. La mayor concentración de estos gases, además, ha multiplicado por cinco el riesgo de que ocurra un evento de estas características extremas. Esta afirmación surge de un trabajo realizado por climatólogos argentinos y franceses recientemente publicado en el Boletín de la American Meteorological Society.




Esta nota se refiere al suceso argentino del 2013...sólo hace dos años,  hoy estamos en alerta naranja y con el litoral argentino inundado...

Para saber más sobre  este  tema  recomiendo leer la nota completa La mano del hombre

Buenos Aires, diciembre de 2013, los días calurosos se suceden, uno tras otro, implacablemente. Después de una semana, la ciudad se parece cada vez más a una olla a presión. Por las noches, la temperatura no cede, lo que impide que pueda refrescarse el asfalto, el cemento y hasta los cuerpos. El único refugio para escapar de ese infierno son los ambientes con aire acondicionado. Así se llenan shoppings y cines en busca de un poco de alivio, pero la red eléctrica no soporta tanta exigencia y comienzan a producirse cortes en el suministro en toda el área metropolitana, lo que desata protestas de la población. Pasados veinte días, la ciudad se encuentra al borde del caos. Pero esta inclemencia climática no se abate sólo sobre Buenos Aires sino que abarca un área muy extensa que incluye todo el centro y el norte del país y alcanza también al norte de la Patagonia.

Los registros del Servicio Meteorológico Nacional indican que diciembre de 2013 fue el mes más caluroso observado en las últimas décadas, con una temperatura 2,5ºC mayor respecto de la temperatura media registrada para el período 1961-1990. La ola de calor, cuyo pico se produjo entre el 13 y el 31 de diciembre fue la más prolongada vivida en el área metropolitana desde que se iniciaron las observaciones instrumentales en 1906. Este evento extremo provocó graves consecuencias sobre la salud de la población -más de veinte personas fallecidas por distintas causas relacionadas con las altas temperaturas-, y sobre la producción y distribución de la energía -en la última quincena de diciembre hubo 17 picos históricos de consumo eléctrico-, lo que causó múltiples fallas en el sistema.

En cada charla de café, en la casa o la oficina, la frase se repetía de manera sistemática: “Lo que está pasando se debe al cambio climático”. Esto muestra de qué manera ha sido incorporado este concepto en el imaginario colectivo. Pero claro, una cosa es decirlo entre amigos y otra muy diferente es probarlo desde el punto de vista científico. Si bien a lo largo de sucesivos informes tanto la comunidad científica argentina como, a nivel global, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) han venido advirtiendo que, como consecuencia del calentamiento global, cada vez se producirá un número mayor de fenómenos extremos (olas de calor, de frío, lluvias intensas, sequías, etc.), esta afirmación hace referencia a una tendencia. Pero para probar la relación causal en el caso de un evento singular, es necesario investigar cada caso individualmente, con las dificultades que esa tarea conlleva teniendo en cuenta que semejantes eventos climáticos tienen en general múltiples causas.

Carolina Vera, Alexis Hannart y Bibiana Cerne.
Eso, precisamente, fue lo que consiguieron científicos franceses y argentinos que trabajan en el Centro del Investigación del Mar y la Atmósfera (CIMA – UBA CONICET) y en el Centro Franco-Argentino para el Estudio del Clima y sus Impactos (IFAECI/CNRS). “El principal resultado que encontramos es que hay una influencia causal clara del forzante antropogénico en el caso de la ola de calor de diciembre de 2013”, explica en muy buen castellano el climatólogo francés Alexis Hannart, uno de los autores del trabajo, que trabaja en Argentina desde hace varios años. Cuando Hannart habla de “forzantes antropogénicos” se refiere a los llamados gases de efecto invernadero (GEI) que, producidos por diversas actividades humanas, son los responsables del calentamiento global. “En un mundo sin revolución industrial, sin altas concentraciones de dióxido de carbono (CO2) sería mucho menos probable que ocurriera un evento de estas características”, precisa.

En efecto, según señala el escrito, el calentamiento global ha producido un aumento del riesgo de que se produzca una ola de calor tan extrema como la del 2013 en un factor de cinco. “Esto significa que sin calentamiento global el riesgo de ocurrencia era de una vez cada 75 años y ahora, con el calentamiento global, es de 1 cada 15 años. Pero, además, dado que la concentración de gases de efecto invernadero sigue aumentando, el calentamiento cada vez es mayor, por lo cual, en algunos años su frecuencia puede acelerarse”, explica Carolina Vera, quien junto con Bibiana Cerne -ambas investigadoras del CIMA y profesoras del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA-, son las autoras argentinas del informe.

Para alcanzar este resultado, los investigadores tuvieron que analizar los datos climáticos observados y realizar múltiples simulaciones a partir de un modelo numérico del clima global. “Dado que se trata de eventos poco frecuentes, para poder medir una probabilidad de ocurrencia con suficiente precisión, es necesario hacer muchísimas simulaciones. Y ahí se presenta un problema técnico porque no sólo hay que tener el modelo sino también la capacidad computacional para correrlo. Son estudios muy costosos en términos computacionales. Entonces, nos asociamos con un grupo de la Universidad de Oxford que cuenta con una capacidad informática muy fuerte. Por eso uno de sus investigadores también es coautor del trabajo”, relata Hannart.

Hay que tener en cuenta que los estudios relacionados con cambio climático tienen un rango de incertidumbre, por un lado, debido a que los modelos no son perfectos; y, por el otro, a que la variabilidad natural del clima puede ser grande, y resulta difícil de distinguir el efecto antropogénico. Sin embargo, en este caso, se ha logrado alcanzar un grado de confianza lo suficientemente alto como para atribuir, en parte, el evento extremo a los forzantes antropogénicos.

La relevancia del trabajo se pone de manifiesto con su inclusión en el suplemento especial del Boletín de la American Meteorological Society (BAMS). Este volumen, que este año se publica por cuarta vez, es coordinado por investigadores de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA), una agencia científica que depende del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, muy prestigiosa a nivel global.

El Boletín reúne 32 estudios que analizan eventos climáticos extremos ocurridos en un año en particular, en este caso el 2014, en diferentes partes del mundo. Cada artículo tuvo que atravesar un proceso muy riguroso de revisión independiente llevado a cabo por los editores del boletín y por evaluadores externos.

“El BAMS es una de las revistas de alto impacto internacional en la temática del clima por eso es muy importante formar parte de este tipo de volúmenes. Además, implica una suerte de certificación de la calidad del trabajo realizado”, precisa Vera.

Esta cuarta edición del BAMS incorpora, por primera vez, trabajos realizados por grupos de investigadores sudamericanos sobre eventos extremos que tuvieron lugar en esa región del planeta. Además del argentino, aparece un estudio sobre una sequía en el sudeste de Brasil. Sin embargo, en este caso, los científicos brasileños no pudieron establecer su relación causal con el calentamiento global.

Uno de los objetivos centrales que persiguen este tipo de estudios es mejorar el entendimiento de las causas que dan lugar a los eventos climáticos extremos para poder pronosticarlos cada vez con mayor certeza. Asimismo, conocer su frecuencia y características constituye una herramienta fundamental para preparar a las sociedades de manera tal que se puedan minimizar sus impactos.

“Este trabajo pone en evidencia la necesidad de contar con nuevas metodologías”, afirma Hannart y se explaya: “Fíjense que recién ahora, casi dos años después, sale el estudio sobre este evento. Ya es tarde, tanto para la población como para los responsables de las políticas. Hay un reconocimiento de este problema entre la comunidad climática y se está trabajando para acortar esos tiempos. Para eso va a ser necesario desarrollar nuevas tecnologías que tendrán que estar relacionadas con el big data. Se está poniendo mucho esfuerzo para abordar este desafío”.

Alcanzar este objetivo sería clave ya que se sabe que en el momento en que ocurre algún fenómeno extremo se abre una ventana de comunicación muy poderosa para ayudar a que tome conciencia la población y los gobiernos. De esta manera, se contribuiría a que se llevaran a cabo los cambios estructurales necesarios para moderar las graves consecuencias que acarrean estos eventos. Que además, serán cada vez más frecuentes.



Fuente :

NeX ciencia es Noticias Exactas, un sitio de difusión de noticias e información relacionada con la ciencia y la tecnología Argentina, dirigido al público no especializado pero sí interesado. NeX ciencia se propone dar a conocer noticias, relatar trabajos científicos, presentar datos, conclusiones, las especulaciones que le dan forma a la ciencia, a través de la voz de sus protagonistas. También, hacer visible el entorno, muchas veces solapado, de la actividad científica y sus instituciones. Mostrar las caras, dar cuenta de las motivaciones, de la reflexión (http://nexciencia.exactas.uba.ar)

Rocca Gabriel (05/11/2015), La mano del Hombre, disponible en

jueves, 17 de diciembre de 2015

Reconstruyendo el rompecabezas de la fauna antártica (Cretácico Superior)


“En lo que respecta al desarrollo de la paleontología, y en particular en el conocimiento de la historia de la evolución de la Antártida, Argentina viene dando ‘puntadas con hilo’ y ocupa un lugar preponderante. Habla muy bien del desarrollo académico que tiene nuestro país y hay que sostenerlo” Novas (en Leone, 2015)


“Toda esta fauna que estamos agregando y empezando a dar a conocer forma parte de esa fauna sureña, llamada Weddeliana. Los autores de estos hallazgos somos argentinos y por eso estamos orgullosos” Novas (en Leone, 2015)


Investigadores del CONICET
reportaron el hallazgo de un dinosaurio y
un reptil marino del continente más austral.
PDF para descargar

Hace 70 millones de años, en el período Cretácico, la Antártida no se parecía en nada a la gran masa de hielo que se conoce hoy en día. En aquel momento estaba parcialmente cubierta por mares poco profundos que no eran fríos como los actuales. Los continentes estaban mucho más cercanos entre sí y las aguas que cubrían el continente Antártico eran menos profundas y más cálidas, por lo que eran habitadas por invertebrados y reptiles como mosasaurios, plesiosaurios y tortugas.


Movimiento de las placas tectónicas:
las imágenes muestran el cambio desde el Período Pérmico de la Era Paleozoica, hasta hoy. 



"El ambiente terrestre esos tiempos estaría conformado por las selvas de Nothofagus, bajo un clima muy húmedo y templado a fresco-templado , condiciones libres de heladas y de alta precipitación. Anillos de crecimiento bien definidos dentro de muestras de madera fósiles recuperados muestran que el clima era marcadamente estacional." Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)



Mapa que muestra la localidad fosilífera y la columna estratigráfica del sitio. La localidad se indica con una silueta. Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)

Desde el año 1998 el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN, CONICET) y el Instituto Antártico Argentino (IAA) mantienen proyectos de cooperación para la búsqueda de restos fósiles de vertebrados en el noreste de la Península Antártica, más específicamente en las islas Vega y James Ross.

En ese marco, recientemente realizaron expediciones que estuvieron a cargo de Juan M. Lirio, geólogo del IAA familiarizado con las rocas que afloran en la región, y de Marcelo Isasi, profesional principal del CONICET en el MACN. En esos viajes hallaron distintos restos fósiles que luego Fernando Novas, investigador principal del CONICET en el MACN describió junto a su equipo.

Según Novas (en Leone, 2015)  “el grupo de trabajo ha tenido la fortuna de recorrer rocas del Período Cretácico, que es el último de los períodos en que se divide la Era Mesozoica, conocida como ‘la Edad de Oro de los Reptiles’ y descubrir restos fósiles de distintos grupos de vertebrados que habitaron el medio acuático -tortugas, mosasaurios y plesiosaurios- y el medio terrestre –dinosaurios y otros reptiles- y aves que sobrevolaban el continente y la superficie del mar, hace 70 a 80 millones de años atrás”.  El paleontólogo explica que hace 15 años se logró el hallazgo que fue la punta del iceberg, un cráneo de mosasaurio -reptil marino-. Esto permitió el descubrimiento de  toda una fauna de vertebrados propia de la región polar. Más recientemente hallaron fósiles de una tortuga, un plesiosaurio -reptil marino- y de un dinosaurio que cubren un lapso de diez millones de años.

En un equipo todos son importante y cada integrante aporta su colaboración desde su especialidad para lograr así el mejor  resultado. Lirio destaca el trabajo técnico en la Antártida realizado por Isasi, quien debió trabajar a contratiempo bajo la inclemencia del clima polar para recuperar las piezas muy fragmentadas.

“La nieve cubre la superficie donde uno camina observando los indicios fósiles. Dependemos del clima para la extracción y la prospección. Nos deja un helicóptero 50 días y hay que regular el trabajo. Además, los fósiles están muy fragmentados porque la nieve va quebrando las rocas y el permafrost que es la tierra de ahí que se congela y descongela generando fracturas en los huesos fósiles. Requerimos de una gran logística para que los materiales puedan ser extraídos y lleguen al laboratorio”, aclara Isasi (en Leone , 2015).

Una vez que los fósiles fueron traídos al MACN, Isasi y otros técnicos del taller de paleontología comenzaron a preparar los huesos craquelados, por las causas que antes explicadas . Posteriormente, Novas y su equipo  realizaron los estudios anatómicos y pudieron hacer a continuación la descripción científica de los ejemplares antárticos.

En esta última expedición descubrieron fragmentos de un reptil marino y de la pata de un nuevo dinosaurio. Los especialistas destacan que no es común encontrar reptiles terrestres en la Antártida dado que los sedimentos son marinos, y por eso les llamó la atención.

“Se llama Morrosaurus antarcticus porque se lo encontró en la península de El Morro en la Isla James Ross. Pertenece a un grupo de dinosaurios herbívoros ornitisquios – conocidos como los dinosaurios de cadera de ave- que era un grupo raro dentro de lo que era el supercontinente de Gondwana en el Cretácico, y no eran tan abundantes como los saurópodos, por ejemplo. Posee características anatómicas que se relacionan con dinosaurios de Patagonia que también pertenecen a este grupo. El miembro posterior nos muestra que eran animales esbeltos y adaptados a la carrera. Tendrían alrededor de 4 o 5 metros de largo” Rozadilla (en Leone, 2015), quien es investigador del MACN, miembro del equipo de Novas, y también el autor de la ilustración de este animal.

"Es un hallazgo importante que nos permite armar mejor el rompecabezas de la fauna de la Antártida cuando estaba unida a otros continentes como Oceanía y parcialmente al actual territorio de la Argentina. La Antártida empezó a tener grandes masas de hielo hace 40 millones de años"  Agnolín (en Clarín, 2015)

En este sentido los científicos explican que este hallazgo les permite inferir que había conexiones entre la fauna de Sudamérica, más particularmente de la Patagonia, con la del continente Antártico. Existían reportes de esta unión con la fauna marina y ahora hay más evidencias de que pasaba algo semejante con la fauna terrestre. Este nuevo ejemplar se parece al Talenkauen santacrucensis, un dinosaurio herbívoro que fue descubierto por el equipo de Novas en la provincia de Santa Cruz. Fue hallado en rocas del Cretácico Superior de una edad semejante, y es comparable al ejemplar de la Antártida.

Representación del árbol filogenético con las posibles interrelaciones de iguanodontian. Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)
"Morrosaurus constituye una adición importante al conocimiento de los ornitópodos de Gondwana, particularmente taxones de Antártida. Sin embargo, estos últimos siguen siendo muy mal conocidos y varios son registrados mediante esqueletos incompletos. Al respecto de esto, los análisis más detallados, así como hallazgos de nuevos ejemplares aumentará nuestro conocimiento de sus sistemática y distribución paleobiogeográfica" Rozadilla- Agnolin - Novas - Aranciaga Rolando - Motta- Lirio - Isasi (2015)

“Nos llamó la atención darnos cuenta de que una y otra vez en Antártida se descubren con restos fósiles de este linaje de dinosaurios herbívoros: ornitisquios ornitópodos. Eran de andar bípedo y se alimentaban probablemente de plantas comparables a las que hoy crecen en los Andes del sur. Antártida era un continente que estaba conectado parcialmente con la Patagonia y por lo tanto los animales y las plantas también se dispersaban por los dos continentes. Los dinosaurios no fueron la excepción e incluso hasta habrían llegado a Australia y Nueva Zelanda. Eran millones de kilómetros cuadrados, extensiones gigantescas en las que existían variaciones climáticas y geográficas, pero que a pesar de todo compartían una fauna y flora comparables”, agrega Novas (en Leone, 2015).

En la misma expedición se descubrieron otros restos pertenecientes a un plesiosaurio, un gran reptil depredador que habitaba los mares prehistóricos. Este hallazgo es muy importante porque es el primer espécimen de la familia Polycotylidae descubierto en la Antártida y nuevamente se muestra una conexión con la fauna patagónica, ya que en esta región se habían encontrado previamente un cráneo de esta familia de plesiosaurios.

"Encontramos los restos de la columna vertebral, la cadera y las patas de atrás. Es el primer hallazgo de ese tipo de plesiosaurio, que usaba el olfato cuando cazaba. Es una rareza, porque la mayoría de los plesiosaurios tienen cuellos largos, y el que descubrimos en la Antártida tiene cuello corto. Esta especie también desapareció en la misma época que los grandes dinosaurios" Agnolín (en Clarín, 2015)

“Los policotílidos no son los más abundantes. Tienen los isquiones -huesos de la pelvis- más robustos y en forma de ‘v’, eso nos permitió diferenciarlos del resto de los plesiosaurios. Tenían la cabeza pequeña y el rostro alargado con dientes filosos, por lo que creemos que se alimentaban enterrando el hocico en el barro para buscar invertebrados. Esto los diferenciaba de la mayoría de los plesiosaurios que se encuentran en la Antártida, que son de cuello más largo”, afirma Julia D’Angelo (en Leone, 2015), quien es investigadora del MACN.

En el marco del Plan Anual Antártico este verano unos 20 paleontólogos argentinos partirán nuevamente al continente Antártico en búsqueda de nuevos restos para desentramar la historia de la evolución de esa región y de Sudamérica.


Fuente:
Leone, Cecilia (2015), Reconstruyendo el rompecabezas de la fauna antártica, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, disponible en 
http://www.conicet.gov.ar/reconstruyendo-el-rompecabezas-de-la-fauna-antartica/

Rozadilla, S - Agnolin, F. L - Novas, F. E - Aranciaga Rolando, A. M - Motta M. J -  Lirio, J. M - Isasi, M. P (2015),  A new ornithopod (Dinosauria, Ornithischia) from the Upper Cretaceous of Antarctica and its palaeobiogeographical implications, disponible en
https://www.researchgate.net/publication/282294611_A_new_ornithopod_Dinosauria_Ornithischia_from_the_Upper_Cretaceous_of_Antarctica_and_its_palaeobiogeographical_implications 

también en http://ac.els-cdn.com/S0195667115300677/1-s2.0-S0195667115300677-main.pdf?_tid=1280e632-a590-11e5-8602-00000aacb361&acdnat=1450447571_fcc4e6e10b08d785c405683eea098bd8

Clarín (17-12-2015),  Hallan un dinosaurio que vivió en la Antártida cuando había bosques, disponible en
http://www.clarin.com/sociedad/dinosaurio-plesiosaurio-paleontologia-Antartida-ciencia_argentina-Conicet_0_1487251512.html

Para saber un poco más sobre





lunes, 2 de noviembre de 2015

Un océano demasiado gasificado


Calentamiento global

Un océano demasiado gasificado

POR  
El Mar Patagónico cumple un rol clave en el control del dióxido de carbono, uno de los gases responsables del “efecto invernadero”. En el balance anual, este sector del Atlántico Sur secuestra cuatro veces más de este gas que el promedio del océano global. Sin este aporte el cambio climático sería mayor. Sin embargo, esta actividad también provoca graves consecuencias para la vida marina.
La primavera estalló no sólo a simple vista, sino también en las profundidades marinas y el Mar Patagónico está a pleno, no para de atrapar dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. Es alta temporada de esta actividad, que ubica a esta parte del Atlántico Sur como una de las áreas de mayor captura por metro cuadrado de este gas en todo el planeta. Sin este aporte que lideran las aguas australes, pero que también se lleva a cabo en los distintos océanos del mundo, el calentamiento global sería peor.
“Como los árboles brotan en la primavera, en la Patagonia hay un boom espectacular de plantas en el mar. Son las algas unicelulares, que son muy impresionantes de ver en el microscopio”, describe Alberto Piola, profesor del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, y enseguida explica: “Empieza a aumentar significativamente el período de luz por día y los nutrientes acumulados en el invierno -que no fueron usados por falta de luz- se mezclaron bien por las características del Mar Patagónico, entonces se produce este proceso de crecimiento rápido del fitoplancton que es bastante asombroso”.
Ahora mismo, silenciosamente, millones y millones de plantas en el planeta llevan adelante un proceso vital: la fotosíntesis, es decir emplean la luz solar para transformar el carbono de la molécula de CO2 en carbono orgánico. Las algas marinas son responsables de, aproximadamente, el 50 por ciento de la fotosíntesis planetaria. En los mares ocurre lo mismo que en el continente. Es decir, el dióxido de carbono disuelto en el agua es absorbido por las plantas y, a cambio, liberan oxígeno. “Cuando esto ocurre, -indica Piola- baja la concentración del CO2 en el agua; al haber menos, lo comienza a absorber de la atmósfera hasta que se encuentre nuevamente en equilibrio en los dos fluidos. Este es un proceso que controla el clima a escala global. El océano capturó ya entre el 20 y el 30 por ciento del dióxido de carbono generado por el hombre desde el inicio de la revolución industrial hace 200 años. Si esto no hubiera ocurrido, habría más dióxido de carbono del que ya hay. El efecto del calentamiento global sería más grave de lo que es”.
Mientras todos los mares del mundo a diario llevan adelante esta tarea, las aguas australes tienen una particularidad. “La Patagonia así como es muy productiva biológicamente, también es una de las áreas donde hay más absorción de dióxido de carbono por metro cuadrado del planeta”, precisa Piola, investigador principal del CONICET y del Servicio de Hidrografía Naval.
Normalmente, los océanos absorben CO2 en mayor cantidad en cierta época del año, por ejemplo, en primavera pero suelen devolverlo a la atmósfera en otra estación como el invierno. Pero en el Atlántico Sur esto no ocurre. En las épocas invernales si bien no absorbe, tampoco emite, es decir que retiene lo atrapado en otras estaciones del año. “El Mar Patagónico secuestra, en términos de balance anual, cuatro veces más CO2 que el promedio del océano global,, lo que lo transforma en una de las regiones de mayor captura de CO2 del planeta”, puntualiza Piola tras estudiar, junto con su equipo, desde hace quince años esta cuestión.
A bordo de distintos buques, como el rompehielos Almirante Irízar en el pasado y más recientemente en el Puerto Deseado, los científicos navegaron y tomaron muestras del Mar Patagónico, una de las más extensas plataformas continentales, que abarca una superficie de más de un millón de kilómetros cuadrados. Allí, fruto de convenios de investigación entre la Argentina y Francia, iniciados en el año 1999, los investigadores midieron CO2, clorofila, salinidad, entre otros parámetros, en las aguas que van desde el litoral bonaerense hasta Tierra del Fuego.
Alberto Piola.
Alberto Piola.
“Hay una buena correlación ente los máximos picos de crecimiento de las algas unicelulares y las máximas de absorción de CO2. Es una evidencia bastante clara de que lo biológico cumple un rol importante en el Mar Patagónico para atrapar el CO2”, asevera el experto en oceanografía. Por eso, ahora en primavera cuando hasta el fondo marino florece de vegetación es el momento del año en que aumentan significativamente los niveles de dióxido de carbono atrapados por este sector del Atlántico Sur.
Si bien esta característica de los océanos, de trabajar codo a codo con CO2, ayuda a mitigar el calentamiento global,-provocado por la contaminación derivada de la actividad humana- tampoco libera al mar de sufrir temibles consecuencias en el futuro, y ello afecta todo el planeta. “Al aumentar la concentración de dióxido de carbono, el océano es un medio más ácido. Actualmente partes del océano están sobresaturadas permitiendo el desarrollo de especies que forman carbonato de calcio. Pero el aumento de la acidez (reducción del pH del agua de mar) puede conducir a la disolución de carbonato de calcio, provocando un serio impacto sobre esas comunidades”, ejemplifica Piola.
Para ensayar qué ocurriría en el caso de que los niveles de acidificación superen los límites tolerables, los científicos realizan pruebas de laboratorio y también en mesocosmos, que son experimentos controlados en el mar. “Los resultados son preocupantes”, indica Piola, y advierte: “El ecosistema marino no es lineal, hay numerosos factores que lo afectan. Si continúan las emisiones de los gases de efecto invernadero a la atmósfera y el océano continúa absorbiendo CO2, el camino de acidificación es muy claro. Deberíamos evitar que este proceso ocurra porque en caso de suceder puede resultar catastrófico para la vida marina”.

Fuente: 
Draghi, Cecilia (2015), Calentamiento global, Un océano demasiado gasificado, NeX Ciencia, UBA, disponible en http://nexciencia.exactas.uba.ar/cambio-climatico-calentamiento-globla-dioxido-carbono-mar-argentino-atlantico-sur-alberto-piola

NeX ciencia es Noticias Exactas, un sitio de difusión de noticias e información relacionada con la ciencia y la tecnología Argentina, dirigido al público no especializado pero sí interesado. NeX ciencia se propone dar a conocer noticias, relatar trabajos científicos, presentar datos, conclusiones, las especulaciones que le dan forma a la ciencia, a través de la voz de sus protagonistas. También, hacer visible el entorno, muchas veces solapado, de la actividad científica y sus instituciones. Mostrar las caras, dar cuenta de las motivaciones, de la reflexión (http://nexciencia.exactas.uba.ar)

lunes, 24 de agosto de 2015

El Journal de Asuntos Antárticos

LLEGA UNA NUEVA REVISTA

El Journal de Asuntos Antárticos: es la revista académica de Agenda Antártica y de la Coalición para la Antártida y el Océano Austral (ASOC), que tiene como objetivo publicar y difundir las investigaciones más destacadas e influyentes en relación a la Antártida. El Journal publica semestralmente, en español e inglés, artículos, reseñas y documentos oficiales. El propósito del Journal es también estimular investigaciones que favorezcan la protección ambiental de la Antártida y el Océano Austral.

http://www.agendaantartica.org/journalES.pdf

Artículos: 
  • Mona Samari, Áreas Marinas Protegidas en el Océano Austral Post Río+20: El futuro que podríamos haber tenido (pero del que no pudimos llegar a un acuerdo) 
  • Cassandra Brooks, Pesca en los confines de la Tierra: La merluza negra antártica del Mar de Ross 
  • Elsa Cabrera, Ballenas en la Corte, Histórica Sentencia Contra la Denominada Caza Científica de Japón en Antártica 
  • Rodolfo Werner, Pingüinos y kril: la vida en un océano cambiante 
  • Paulina Uribe, Composición de especies y foto aclimatación de comunidades de diatomeas bentónicas de la zona costera Antártica. 
  • Sian Prior, El desarrollo de un nuevo instrumento legal para la navegación en aguas Antárticas 
  • RESEÑAS: Claire Christian, Antártida: un año en el hielo 

domingo, 16 de agosto de 2015

Singular alianza para proteger la pampa argentina

Las tradiciones de los gauchos (hombres de campo) y la moderna tecnología agropecuaria se unieron en Argentina, en una singular alianza entre ganaderos y ambientalistas, que busca conservar la biodiversidad de los pastizales y mejorar la productividad y sabor de su famosa carne.
enlace para leer la nota y PDF para leer y descargar 

Información obtenida en http://www.ipsnoticias.net/2015/07/gauchos-protagonizan-singular-alianza-para-proteger-pampa-argentina/

Notas relacionadas del blog

viernes, 14 de agosto de 2015

Aumento de la lluvia, Comprueban la influencia humana


Aumento de la lluvia, 
Comprueban la influencia humana


Los inviernos menos fríos, y los veranos más tórridos parecen tener una causa antropocéntrica. Pero se necesitan evidencias científicas para confirmarlo. Ahora, un estudio mostró que el aumento de la lluvia registrado durante el último siglo en el sudeste de Sudamérica no se explica sólo por causas naturales.

El calentamiento global es inequívoco, y se debe muy probablemente a las actividades humanas, según afirma el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) en su último informe. Si bien todo parece indicar que las emisiones de gases derivados del uso de combustibles fósiles son responsables del calentamiento, es necesario contar con pruebas. Pero ¿cómo obtenerlas?
Para hallar evidencias, numerosos grupos de investigación en el mundo, además de realizar observaciones, emplean modelos climáticos y efectúan simulaciones considerando las ecuaciones y variables que explican el clima, como la presión, los vientos, la temperatura o la lluvia.

Así, un análisis de las variaciones en la cantidad de lluvia caída en verano, detectadas en el sudeste de América del Sur y en los Andes australes, aporta una de las primeras evidencias de que esos cambios pueden atribuirse a la influencia de la actividad humana sobre el clima.

“Los modelos reproducen el clima teniendo en cuenta la atmósfera, los océanos, la vegetación y los hielos, entre otros componentes, e incorporan los forzantes externos, factores ajenos al clima, que pueden alterarlo”, explica Carolina Vera, profesora e investigadora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA). Hay forzantes naturales, como las variaciones en la radiación solar que llega al planeta o las erupciones volcánicas, y forzantes antropogénicos, es el caso de las emisiones de gases de efecto invernadero, producto, por ejemplo, del empleo de combustibles fósiles.

“La hipótesis es que se necesitan ambos tipos de forzantes para explicar el clima que ocurrió”, subraya la investigadora. Vera, junto con Leandro Díaz, estudiaron las tendencias de la lluvia del verano, desde 1902 a 2005, en Sudamérica. El objetivo era determinar la influencia de la actividad humana en los cambios que se observaron a lo largo de los años. Para confirmar la atribución, ya sea a causas antropocéntricas o a causas naturales, se necesitan numerosas evidencias que, además de las observaciones, surjan de distintos modelos y diferentes simulaciones. Asimismo, esas evidencias tienen que ser coherentes entre sí.

De ese modo, Vera y Díaz analizaron las tendencias de lluvia a partir de observaciones y de 59 simulaciones provenientes de 14 modelos climáticos diferentes, que incluyen los forzantes naturales y los antropogénicos, en forma conjunta y separada.

“La mayoría de los modelos reproducen el incremento de las lluvias observado en el sudeste del continente, y la disminución en la región de los Andes australes”, señala Vera, y prosigue: “Si bien el rango de incertidumbre es alto todavía, podemos afirmar que la actividad humana, al menos en parte, contribuyó a explicar esos cambios observados en las precipitaciones durante el último siglo”.

Modelos y simulaciones

Actualmente existe sólo una decena de centros en el mundo con la capacidad informática para realizar simulaciones del clima en las distintas regiones del planeta, mediante modelos climáticos globales. Pero, “gracias a un esfuerzo internacional de coordinación científica, los diferentes centros realizan los experimentos climáticos en forma similar pero independiente. Luego, toda esa información se reúne, y se coloca en un reservorio, a disposición de todos los investigadores, en el mundo entero”, explica Vera.


De ese modo, cualquier investigador del planeta puede tomar esas simulaciones del clima global y estudiar una variable en particular en una determinada región. “Los estudios de detección y atribución del cambio climático en escala regional no son sencillos, porque la gran magnitud de la variabilidad climática natural opaca la señal de cambio climático”, indica Vera. Por ejemplo, los fenómenos de El Niño y La Niña pueden hacer que haya períodos más húmedos o más secos, respectivamente, en la Argentina, con independencia del calentamiento global.


Cabe señalar que los estudios de cambio climático tienen un rango de incertidumbre, por un lado, debido a que los modelos no son perfectos; y, por el otro, a que la variabilidad natural del clima puede ser grande, y difícil de distinguir del efecto antropogénico.

Lluvias en la Argentina

Carolina Vera.
Foto: Archivo Exactas-Comunicación

“Al estudiar los registros de lluvia de verano de la región sudeste de Sudamérica, la tendencia muestra un aumento de 7 milímetros por estación por década”, relata Vera. Estos cambios han permitido la expansión de la producción agrícola en el país en las últimas décadas. 
Al analizar los modelos climáticos, los investigadores consideraron, por separado, las simulaciones que incluyen sólo las causas antropogénicas, las que incorporan solo las causas naturales, y luego aquellas que combinaron ambas causales. Al calcular las tendencias, observaron que “los modelos que incorporan las causas antropogénicas fueron capaces de representar un aumento de la lluvia de 2 mm, por década”, señala Vera. Estos modelos, si bien mostraron un aumento inferior al real (que era de 7 mm), indicaron una tendencia positiva, es decir, un incremento.
En cambio, los modelos que sólo consideraban las causas naturales, no indicaban aumento. Este hecho contribuye a demostrar entonces que no es posible estimar la tendencia de cambio en la lluvia si no se considera la influencia de la actividad humana.

Menos lluvia en los Andes

En la zona de los Andes del sur, los registros indican que en verano, a lo largo del último siglo, las lluvias disminuyeron. Con el mismo estudio, al considerar sólo los forzantes naturales, los modelos no mostraron cambios.

“Hasta ahora, éste es el único estudio que, con las herramientas de que se dispone actualmente, muestra que las tendencias en la precipitación tuvieron su causa, al menos en parte, en la actividad humana global”, concluye Vera

Por Susana Gallardo

Fuente:
Gallardo Susana (2015), Aumento de la lluvia, Comprueban la influencia humana, NeX ciencia, UBA, disponible en

http://nexciencia.exactas.uba.ar/aumento-lluevias-comprueban-la-influencia-humana-cambio-climatico-carolina-vera

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